Está en el corazón de Sudamérica y uno de los lugares más desafiantes para la vida humana.
Con una extensión de unos 210.000 km2, el Pantanal se asemeja a un plato hondo rodeado de mucho verde. Aquí la vida se mueve entre extremos. Por periodos cada vez más irregulares de tiempo hay inundaciones que desbordan el plato e intensas sequías que lo vacían.
El ecosistema, por donde cruza la ruta bioceánica que une el Pacífico con el Atlántico -desde el puerto de Santos en Brasil hasta los puertos de Arica e Iquique, en Chile, y de Matarani e Ilo, en Perú- se formó con el ascenso de los Andes.
En el Pantanal brasileño esta ruta, que estimulará el comercio hacia China, avanza por un trazado que existía desde antes.
Salvo por el eventual aumento de atropellamientos de animales que cruzan la vía -como ciervos, jaguares o capibaras-, los ecologistas no han identificado un impacto mayor por cuenta del esperado aumento del tráfico de camiones, según Grasiela Porfirio, bióloga del privado Instituto Hombre Pantanero.
Brasil, Bolivia y Paraguay comparten el Pantanal, aunque un 80% está en el lado brasileño, entre los estados de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, grandes productores de soja.
Tal parece que los próximos meses serán de inundación. Casi recostado sobre la ribera del río Paraguay, nervio de este territorio que sirve de refugio a especies amenazadas de otros ecosistemas, Nilson aguarda el aviso del señuelo, rodeado de mosquitos que pican y suenan.
Son miles de bichos y nadie se explica cómo puede pescar y sonreír al mismo tiempo.
“La pesca de piraña es buena, por cada kilo me dan unos 2,5 dólares", afirma mientras es abordado por un agente de la policía militar ambiental.
El temido pez da nombre al caldo de piraña, un plato consumido en Corumbá, la capital del Pantanal, en Mato Grosso do Sul, a unos 1.400 km de Brasilia, en la frontera con Bolivia.
El oscuro río se recorta en un cielo todavía más negro. El Pantanal impone un miedo fascinante entre sus visitantes. Con un gran potencial turístico, la zona atrae a los aficionados de la pesca deportiva que pagan miles de dólares para internarse por días en el río Paraguay.
Una lancha de la policía ambiental se mueve a lo largo del río revisando la documentación de los pescadores, y cerciorándose de que no lleven redes o peces por fuera de la medida.
“Está permitida la pesca de especies que se hayan reproducido por lo menos una vez, y eso lo calculamos por el tamaño. Ya hubo épocas de sequía en que algunas especies fueron depredadas” , explica el teniente Cleiton Douglas.
El oficial reprende a otro pescador que, resignado, le entrega su ahora decomisada mochila de pesca. El hombre infringió una de las reglas del Pantanal: arrojar más de cinco señuelos atados con hilos de nailon a botellas de plástico, que son haladas cuando el pez muerde.
Por mes un pescador profesional puede pescar hasta 400 kilos. Después de cada faena debe ir a registrar su pesca, lo que le permite llevar a la policía un control.
Sin embargo, el de pescador es apenas uno de los oficios que desempeña el llamado “hombre del Pantanal” . También están los ganaderos, cuya actividad no es una amenaza para la conservación, a diferencia de en la Amazonía. Por lo menos son 2.700 personas las que viven en las riberas del río Paraguay, según la alcaldía de Corumbá.
“El hombre pantanero es una especie a ser conservada” , afirma Miko Resende, jefe de la Embrapa Pantanal, la empresa estatal brasileña de investigación agropecuaria. “Por más de 200 años ha estado aquí conviviendo armoniosamente con la naturaleza. Es un caso único en que la ganadería es un factor de conservación y no de destrucción” , dijo a la AFP .
Con un rebaño superior a las 5 millones de cabezas, el Pantanal brasileño se dedica al ganado de cría en condiciones extensivas, porque los pastos no son de buena de calidad, debido al suelo arenoso, por lo que debe recorrer largas distancias en busca de comida.
El ganadero del Pantanal ejerce su oficio al límite. Metido en lo más profundo de la zona, donde sólo en las riberas las temperaturas pueden llegar a los 40 grados, sobrevive a la sequía y las inundaciones extremas, sin salir por meses a la ciudad, explica el teniente Douglas.
El tipo de ganado que cría, becerros para engorde, se alimenta con un tipo de pasto nativo de muy fácil combustión, por lo que sus hábitos ayudan a evitar que las quemas realizadas por los ribereños sean más destructivas.
Sin embargo, “el hombre pantanero necesita vivir de lo que hace, y eso no está ocurriendo, por lo que está vendiendo sus tierras a gente con otras costumbres” , señala Resende.
El eventual riesgo es que las extensas fincas sean divididas para sacar mayor provecho con una ganadería económicamente viable, pero menos amigable con el ambiente.
Además está la amenaza de que los ríos que mueren en el Paraguay arrastren cada vez más arena por cuenta de la erosión por tala de árboles en las nacientes, y terminen alterando el ecosistema. Ya se detectó la contaminación de peces y caimanes por mercurio y pesticidas.
En las partes altas del Pantanal, a cientos de kilómetros al norte de Corumbá, la actividad económica dominante es la agricultura a gran escala, el cultivo de soja a la cabeza, que demanda el uso de pesticidas.
En total son 269 especies de aves, 73 de anfibios, 179 de reptiles, 550 de aves, 152 de mamíferos y 2.000 tipos de plantas sobreviviendo junto al hombre en el Pantanal, declarado por la Unesco Reserva de la Biósfera en 2000.
