Al final del túnel en la UNA

La situación que vive la Facultad de Ingeniería (FIUNA) es la muestra más clara del porqué es necesario un cambio profundo en la Universidad Nacional de Asunción (aclarando que semejanzas con otras facultades no es mera coincidencia). En el año 2015, en la Primavera Universitaria de #UNAnotecalles toda la ciudadanía paraguaya se pronunció dejando un mensaje claro que exige una nueva universidad acorde a los requerimientos del siglo XXI.

Las autoridades han recibido el mensaje y también los círculos hegemónicos internos de la UNA. Pero estos, desestimando el mensaje de la sociedad paraguaya y esperando que después de un tiempo el movimiento estudiantil pierda fuerza, han orquestado artimañas de retorno y perpetuación en el poder. Y así lo que sucedió es que tramaron un “megagolpe de Estado”. Sin embargo, lo legal no necesariamente es legítimo. Sobre todo en una estructura en la que sistemáticamente se ha estado metiendo personas con el único objetivo de perpetuar un poder de control sobre la misma. Donde no les interesa: ni la calidad académica, ni la mejor educación ni su posicionamiento internacional. Les interesa apenas controlar y usar el sistema en favor propio.

Lo grave en este caso es que la universidad necesita de la diversidad de pensamiento para crecer y que las estructuras colegiadas creen consensos o mecanismos que permitan que la diversidad exista. Esta es la esencia de la universidad y es lo que se pretende coartar. Por eso lo peligroso del golpe realizado es que no permite que la diversidad haga a la UNA crecer, agudiza su descreimiento y hace que una de sus facultades más emblemáticas (la FIUNA) entre en una espiral aislacionista autodestructiva.

Por otro lado, la esperanza está marcada claramente. Los alumnos son realmente la esperanza. Porque han dado un ejemplo de civismo pocas veces visto en los últimos años. Y lo siguen dando, con la claridad perfecta de que se puede forzar la mudanza de la estructura siendo firme en los principios democráticos y persistentes en sus acciones.

Hace unos años atrás estaba desilusionado, porque parecía que a nadie le interesaba mejorar y que apenas algunos luchaban día a día para salvar lo que quedaba. Pero ahora veo que en realidad lo que los jóvenes necesitaban era un poco más de tiempo para madurar.

Todo mi apoyo para que construyamos una Universidad Nacional de Asunción que se posicione en el sitial más alto de prestigio mundial. Con una nueva estructura internacional donde la diversidad, la excelencia y la ciencia florezcan, porque eso nos merecemos los que vivimos en el Paraguay: una Universidad del Siglo XXI.

Christian Schaerer