Ciego, sordo, mudo

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A veces analizo por qué somos tan apáticos, lerdos para reaccionar o indiferentes para defender posiciones injustas y no me refiero únicamente a las situaciones particulares, sino más bien a los intereses individuales que manipulan los destinos ciudadanos

Toda persona se encuentra diariamente ante dos “verdades terrenales”. Una es aquella que emite juicios sobre conductas, ejecuciones o decisiones tomadas por los otros, mientras que otro postulado, totalmente opuesto, es sostenido, cuando afecta a sí mismo. Absolutamente nadie queda excluido de esta imperfección, pero resalta mucho más en los soberbios, agrandados, arrogantes, egoístas e insensibles. Para entender mejor lo afirmado quiero mencionar unos simples ejemplos prácticos de posición opuesta. Así tenemos: si una discoteca produce ruidos y disturbios rutinarios hasta el amanecer, solo afecta a los que no pueden dormir, mientras que para los que buscan diversión son horas de placer.

De paso me gustaría saber, ¿dónde están los inspectores, las autoridades policiales, el Ministerio Público, etc., haciendo cumplir ordenanzas y leyes? Estoy segura que dejarían de ser tan ciegos, sordos y mudos si el “burubumbum” se instalara cerca de sus casas, situación en la cual se haría cumplir las leyes a 1.000 por hora. Nótese como en “nombre de la pacífica convivencia ciudadana” las ordenanzas municipales o las leyes pueden ser ignoradas y/o amoldadas$$$$$$. Si una calle es destrozada, clausurada u obstaculizada con materiales de obras particulares afecta a los frentistas o a los usuarios forzosos, mientras que es absolutamente indiferente para los otros que simplemente evitaran circular por ella. Toda posición busca siempre el beneficio personal y rarísimamente el bien común y menos aún basado en el respeto individual. Si bien es cierto que en democracia se hace lo que dicta la mayoría, también es cierto que una convivencia armónica se basa en el respeto de todos, a las leyes y especialmente en el respeto a los derechos ajenos.

Estamos tan acostumbrados a tolerar directos o maquillados atropellos de atorrantes autoritarios a causa (buscando justificarnos ) del legado que nos dejó la dictadura, la cual logró amoldar nuestra personalidad a la sumisión a través de las amenazas y el miedo al castigo. Aun cuando muchos no comulgan con actos injustos optan por no involucrarse para no confrontar con una sociedad cínica, pero como la vida da tantos giros podrían sufrir en algún momento, en carne propia las injusticias humanas. Y me pregunto si en tal caso seguirían siendo tan tibios ante actos arbitrarios.

Helga Behage

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