El martes 14 a las 17:00, se produjo un incendio que consumió 20.000 transformadores en desuso depositados en la subestación de la ANDE de San Lorenzo. En principio se notificó que los artefactos aún contenían una sustancia tóxica y cancerígena, conocida como “askarel”. Los bomberos confirmaron posteriormente que el fuego no llegó al depósito en el que estaba almacenado el peligroso químico.
El presidente de la ANDE aclaró que en el área no había elementos que pudieran desencadenar semejante siniestro, sin ser muy claro respecto si los artefactos contenían o no askarel. Aparentemente, los transformadores que estaban depositados sobre el suelo, ardieron uno tras otro sin dar oportunidad a los funcionarios para detener las llamas, cosa que alarmó a toda la ciudadanía.
El askarel es un aceite oscuro similar al aceite quemado de auto, que se caracteriza por no ser flamable y poseer hasta un 70 por ciento de PCB (Policloro Bifenilo, Policloro Difenilo o Bifenilos Policlorados). Históricamente fue utilizado como aislante o refrigerante en los transformadores y equipos eléctricos debido a su resistencia a temperaturas extremas, tanto altas como bajas, sin cambiar su estado físico.
Por el gran potencial tóxico y contaminante que siempre posee, es altamente peligroso y carcinógeno. Los PCB son hoy una basura persistente y peligrosa, ya que resisten la degradación fotoquímica, química y bioquímica, lo que hace que su vida media sea elevada y, por tanto, su efecto contaminante perdure.
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La mayoría de los COP han sido restringidos en varios países y en otros se siguen usando sin existir control sobre ellos. Sus efectos biológicos adversos pueden ocurrir a corto y largo plazo. En los seres humanos están relacionados con una exposición directa (ocupacional o ambiental) o indirecta, de origen ambiental. Los COP reúnen todos los criterios de peligrosidad y de riesgo.
En los seres humanos. los COP pueden ser causa de disfunciones inmunitarias, neurológicas, reproductivas, alteraciones hormonales y del desarrollo, trastornos neuroconductuales y cáncer. Estos compuestos atraviesan la placenta y contaminan la leche materna.
Actualmente la única forma que se conoce de deshacerse de los PCB es incinerándolos a temperaturas de hasta 1.500 o 1.600 grados y los únicos países que cuentan con incineradores para estos compuestos son Inglaterra, Francia y Finlandia.
De acuerdo a la Agencia Norteamericana de Higienistas Industriales, un miligramo de PCB en el ambiente por cada metro cúbico (1mg/m³) es suficiente para ocasionar cáncer. Este parámetro es conocido como el TLV STEL y se refiere al nivel de concentración al que los trabajadores se exponen. La media ponderada es de 15 minutos y no debe repetirse más de 4 veces al día o durante la jornada, además debe existir un espacio de 60 minutos entre exposición y exposición para disminuir los riesgos. Para el tratamiento de envenenamiento crónico se recomienda evitar nuevas exposiciones y tratar la lesión hepática. Los pronósticos indican que “por lo menos el 50% de los pacientes con lesión hepática por envenenamiento con difenilo clorado han muerto”.
El problema, por más que algunos tratarán de minimizarlo, es delicado y amerita que el Ministerio de Salud inicie inmediatamente un estudio minucioso para determinar el impacto y las eventuales consecuencias en la inhalación de gases. También deben ser sancionados los responsables de este hecho, que bien puede ser un desastre ecológico de consecuencias irremediables.
Confía, además, que la población haga un seguimiento de los acontecimientos futuros para que, fiel a la tradición criolla, esta tragedia no quede impune y que los decentes sufran a expensas de los impúdicos, que proclamaron y continuarán pregonando sus “sacrificadas tareas públicas mal remuneradas”.
Aníbal Reinaldo Pangrazio
