El asesinato de una República

El asesinato de una República es el más despreciable de todos los crímenes conocidos en la historia de la humanidad. Es también el crimen que más daño ha causado a las comunidades y sociedades donde ha sido perpetrado.

El asesinato de una República es tan repudiable, causa tanto sufrimiento y dolor como el genocidio. Mata y destroza las esperanzas de pueblos enteros por tiempo indefinido. Los rufianes políticos, actores que intervienen en el asesinato de una República nada tienen que ver con la ética política sino con la delincuencia política.

Son grupos formados por gavillas de delincuentes políticos inescrupulosos que fingen confundir sus bienes privados con los bienes y el bienestar de la comunidad. Estos delincuentes políticos son sofistas especializados en disfrazar con un lenguaje confuso sus perversas intenciones de destruir las instituciones republicanas.

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La reelección en cargos electivos en forma periódica e ininterrumpida es el principal método de sometimiento para lograr la perversión de los conceptos de equidad y justicia que requiere un ordenamiento republicano.

El primer paso en la destrucción de una República es el intento y logro de la modificación de los artículos o preceptos de la Constitución que rigen el ordenamiento de la República. En esta tarea los sofistas políticos manejan con astucia los argumentos y artimañas más engañosas y fingen una adhesión incondicional a la causa republicana pero sugieren pequeños cambios en la normativa de la Constitución para lograr presunta armonía y bienestar a la comunidad ciudadana.

Estos presuntos pequeños cambios desvirtúan los preceptos de la Constitución y anulan fuerza al espíritu democrático.

Durante la presidencia de Horacio Cartes, cuya labor gubernativa fue excelente en los primeros dos años, pasados los primeros años, olvidando las reiteradas promesas y juramentos hechos a la ciudadanía, derivó su tarea gubernativa a una satánica e intensa tarea de justificar los intentos de violar la Constitución por enmiendas constitucionales reclamadas por ‘’políticos fantasmas’’ cuyas identidades resultaron ser tan falsas como sus promesas en el inicio de su período de gobierno.

Un verdadero ‘sophista’ de rancia estirpe. La ciudadanía reaccionó con firmeza mostrando al mandatario el camino correcto. Así fue abortado el asesinato de la República. Pero el pueblo, la ciudadanía debe permanecer expectante, vigilante, ya que el que intentó una vez asesinar a la República volverá a intentarlo.

El que practica asesinato de la República, lo intentará una y otra vez, ya que padece un trastorno psiquiátrico que lo impulsa a ejercer dominio sobre funcionarios y políticas públicas para beneficio de empresas privadas.

José Luis Serrati Machaín

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