Más allá de su evidente viso de sensacionalismo, la pregunta nos estimula a precisar la actitud de Cristo en relación con la mujer, teniendo en cuenta el ambiente histórico cultural en el que vivió y se formó, ya que Cristo, como hombre verdadero, no se sustrajo a su cultura. La desjerarquización de la dignidad femenina en tiempo de Cristo estaba a nivel de los esclavos.
La mujer, como los esclavos, no tenía derecho de estudiar la Tora, el libro que contiene la ley judía. Un famoso rabino del siglo primero, Eliezer, llegó a declarar que “sería mejor quemar todas las palabras de la Tora antes que ponerla en manos de una mujer”.
En el templo de Jerusalén, las mujeres estaban destinadas a una zona periférica llamada, precisamente, el Atrio de las Mujeres, que se encontraba cinco gradas más baja que la reservada a los hombres.
En este clima de marcada marginación de la mujer, Cristo no teme en asumir una actitud totalmente revolucionaria. Públicamente enseña el mensaje divino también a las mujeres, en violenta oposición a la mentalidad de su tiempo en que se consideraba “obsceno” explicar las Sagradas Escrituras a las mujeres. Incluso varias mujeres se hacen discípulas suyas y le acompañan en sus viajes apostólicos. Un buen día Cristo se detuvo junto al pozo de Sicar a conversar con una mujer samaritana. Este “pecado” resultaba tanto más escandaloso cuanto que se trataba de una persona a quien un rabino no debería dirigir la palabra por dos motivos: era extranjera y era mujer.. Y más notable aún, en un ambiente que no consideraba aceptable el testimonio de una mujer ante un tribunal, Cristo confía a una mujer –la prostituta Magdalena– el mensaje del hecho más portentoso de su vida, su Resurrección. La decidida actitud personalista de Jesús, sin duda alguna, se extiende hasta la mujer y forma parte esencial de su evangelio. Mucho tiempo ha transcurrido desde “la revolución feminista” de Cristo pasando por la “hecatombe” de las 129 trabajadoras textiles que, en 1857, fueron incineradas en Nueva York por defender sus derechos laborales, la explosiva y multitudinaria manifestación de las obreras de Petrogrado, Rusia, en 1917, hasta nuestro día. Hubo muchas conquistas, es verdad, pero el mundo sigue siendo eminentemente “machista” y los hombres seguimos siendo los mayores “accionistas” de la desvalorización de la dignidad femenina.
Humberto Villalba