¡Los intocables!

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Eran las 8:30 de la mañana del 15 de febrero; nos encontramos todos en el noveno piso de la Torre Norte del Poder Judicial; la sala de esa porción del edificio es distinta: tiene glamour y un toque de riqueza que está a kilómetros de distancia de los despachos comunes donde cansados tramitamos papeles los justiciables. Saludé con genuina alegría a colegas que desde el interior traían encima angustias y pesares de una justicia que no da explicaciones a nadie; esa que tiene los ojos bien abiertos para dar el zarpazo a jugosas coimas y que se hace la insulsa cuando tiene que dictar un fallo de verdad.

Luego de leer los titulares de la mañana “Ministros dictan medida cautelar para no declarar sus bienes” me costó incorporarme, tenía una sensación de malestar que solo a las 10 de la mañana cuando inicié mi intervención ante el Presidente de la Corte, Raúl Torres, menguó un poco. Empecé recordando una frase que leí en mis años de estudiante que decía: “Si no tenemos jueces, fiscales y abogados honestos, valerosos y eficientes, si se rinden al crimen y a la corrupción están condenando al país a la ignominia más desesperante y atroz”. Suspiré y con tristeza advertí cómo estos hombres y mujeres que integran la Corte han relativizado el estado de derecho; lo han moldeado a sus caprichos y sin ningún escrúpulo nos condenaron a todos a transitar los pasillos de ese sepulcro blanqueado como idiotas sin profesión.

Hasta que no dejen la Corte nos seguirán sorprendiendo como hoy, donde por si y ante sí mismos borraron un principio básico de la República: la obligación de declarar sus bienes y rentas.

Unas horas después de la reunión, una trasnochada y medio borracha aclaratoria intentaba borrar un poco la torpeza infinita de una Corte que sigue digitando impune el “valor” de la justicia

Dios salve a V.E... porque a nosotros ya ¡nos jodieron!

Kattya González