Negligencia, impericia e imprudencia

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Decía mi profesor de latín: “El hombre lobo del hombre”. Al médico no se lo debería llevar a las instancias judiciales, porque es la única profesión humanista con alto nivel de servicio y vocación.

El médico es un humanista nato, la carrera en sí es muy costosa en todos los aspectos y su ejercicio más aún porque trata de restablecer las alteradas funciones del cuerpo humano físico, mental, emocional y espiritual.

Voy a contar mi historia de la época del ministro Vidovich Morales: una paciente muy desorientada y con muchos vacíos existenciales me entabló una demanda por: 1. Falso título. 2. Ejercicio ilegal de la medicina. 3. Negligencia. 4. Impericia. 5. Imprudencia.

En la presentación de los documentos, con escribano público ante el juez se comprobó mi título de Médica Cirujana expedido por la Universidad Nacional de Córdoba que cuenta con 400 años de antigüedad, declarada como patrimonio universal por la Unesco, y mi acreditación de Especialista en Medicina Estética hecha en Europa, por lo que el juez dejó de lado el juicio por los demás cargos y solo quedó por lesión corporal (lo que ellos tildaban como negligencia).

En fin, unos osarios ancianos que padecían de Alzheimer, probablemente sin mirar el expediente, después de casi 10 años me condenaron a 2 meses y 1 día de prisión.

El diagnóstico base decía: “Lesiones puntiformes en la piel que curan espontáneamente con o sin tratamiento, sin dejar secuelas”. La jueza de sentencia se moría de vergüenza ajena y en lugar de darme ninguna pena, se convirtió en mi paciente. Por primera vez en la historia del país se le condenaba a un médico por una lesión ampollosa.

Escribo esto, para que la gente implicada, pues la parte demandante era una funcionaria de la Asesoría Jurídica del Ministerio de Salud, que usó todas las herramientas estatales para lograr un buen veredicto, se muera de vergüenza.

Ya el universo se habrá encargado de cobrarle por sus hechos delictivos puesto que primero probaron con un chantaje al que no accedí.

Durante 10 años me torturaron con amenazas, llamadas telefónicas, telegramas colacionados y tanto la parte ofensiva como la defensiva no tenían el mínimo interés en encontrar la verdad, solo aparecían cuando querían dinero, hoy son concejales, exministros y altos miembros del Poder Judicial.

Junto al juicio, actuó una prensa escrita, hoy líder, mentirosa y zafada que ayudó a deteriorar mi imagen en aquel entonces. Hasta hoy está empresa como un sello mi sentencia y se conoce a nivel mundial, lo que no se conoce es que fue injusta.

Sufrí mucho, estuve a punto de perder todo por lo que había luchado en mi vida, pero como soy descendiente de las residentas que levantaron a un país en cenizas, no me di por vencida y hoy tengo la satisfacción de estar atendiendo a la tercera generación de pacientes, para las cuales no doy abasto por la alta cantidad de afluencia.

Fuerza colegas, lo que no mata fortalece. El médico tiene que ser juzgado por sus pares, otros médicos que entiendan el idioma, y no en un juzgado común.

Ilse Martínez