Como un ciudadano más me atrevo a resumir las principales reglas que debería cumplir un gobierno nuevo, que quiere hacer una buena gestión y permanecer para siempre entre los ilustres de nuestra historia: la transparencia. El Presidente, el intendente o cualquier autoridad electa, deberían exigir un corte administrativo; la entrega bajo inventario de todo lo que se hereda del anterior: saldos, deudas en las diferentes instituciones, obras ejecutadas e inconclusas, cantidad de funcionario, etc. ¿Existe una ley? ¡Magnífico, si existiera! solo hay que desempolvarla, cumplirla y darla a publicidad, a tambor batiente, a través de todos los medios de comunicación. Debería ser de un formato sencillo, que sea comprensible para el ciudadano común.
Hacerse amigo íntimo, confidente de los medios de comunicación, condición sine qua non, toda transparencia será en vano. Para mí, es una regla sencilla, contundente y de fácil aplicación; toda vez que el objetivo real del novel gobierno sea transparentarlo todo. Son muchos los que nos prometieron la transparencia, la honestidad... bla, bla... ha oparei, para al final, ser un pescador más en río revuelto. ¿Por qué Fernando Lugo no hizo ese “alto, vamos a ver en qué condiciones me entregan el país” con Duarte Frutos; este, con González Macchi y más recientemente, Horacio Cartes con Federico Franco? Y el novísimo Intendente Mario Ferreiro a Arnaldo Samaniego? Y acá en Lambaré, Armando Gómez a Roberto Cárdenas? Las respuestas parecen obvias: la transparencia prometida en las campañas electorales, es solo para “dorar la píldora”, para que la ciudadanía la trague más fácilmente. La ganancia real de los pescadores está en el río revuelto, por eso las entregas de mando y toda la parafernalia se hacen casi en la penumbra.
Roberto Bareiro