Un estudio reciente de la Universidad de Dalhousie (Canadá), liderado por las psicólogas Catherine Reeve y Sophie Jacques, preguntó a cientos de dueños cuántas palabras o frases comprendía su perro con fiabilidad. No se trataba de órdenes improvisadas, sino de términos que el animal demostraba entender con su comportamiento: ir hacia un objeto, acudir a una persona concreta o detenerse ante un estímulo.
La media fue clara: un perro típico entiende alrededor de 90 palabras. Algunos apenas llegaban a 15, mientras que los “sobresalientes” superaban las 200.

Estos datos encajan con trabajos previos de etólogos como Stanley Coren, que ya situaban el vocabulario medio entre 80 y 100 términos.
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La élite del lenguaje perruno
Ese mismo estudio identificó razas que, de forma consistente, aparecían en la parte alta del ranking de vocabulario. Pastores alemanes, border collies, caniches, labradores y golden retrievers se situaron entre los mejores, confirmando su fama de perros “listos” y fáciles de adiestrar.
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No es una sorpresa total: el famosísimo border collie Chaser, estudiado por el psicólogo John Pilley, llegó a reconocer más de 1.000 palabras, principalmente nombres de juguetes. Aunque es un caso extremo y fruto de años de entrenamiento intensivo, muestra hasta dónde puede llegar la capacidad de asociación verbal en algunos perros.
En el lado bajo del ranking, razas más independientes o seleccionadas históricamente para tareas que no requerían obedecer órdenes verbales complejas —como algunos sabuesos y razas nórdicas— tendieron a reconocer menos palabras. Pero los expertos insisten: hablar de “razas tontas” es simplificar demasiado.
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¿Entender palabras es ser más inteligente?
Los investigadores advierten que el vocabulario no es sinónimo de inteligencia global. Un perro puede ser excelente resolviendo problemas espaciales o interpretando gestos humanos y, sin embargo, no destacar en lenguaje verbal.
Además, gran parte de lo que interpretamos como comprensión de palabras es, en realidad, lectura de contexto: tono de voz, postura, rutina diaria. Muchos dueños confunden reacciones a estos indicios con comprensión literal de términos.

Por eso, los estudios más rigurosos controlan el lenguaje corporal del humano, alteran el orden de las palabras y prueban a ciegas. Solo cuando el perro responde correctamente en esas condiciones se da por entendido el término.
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¿Se puede ampliar el vocabulario de tu perro?
Los expertos coinciden en que casi cualquier perro, más allá de su raza, puede aumentar notablemente su “diccionario” con entrenamiento sistemático:
- Usar siempre la misma palabra para la misma acción u objeto.
- Repetir en contextos variados, para que el perro no dependa solo de la rutina.
- Reforzar con premios o juego cada respuesta correcta.
Más que obsesionarse con contar palabras, los etólogos recomiendan fijarse en la calidad de la comunicación: que el perro pueda anticipar rutinas, entender límites y utilizar las señales humanas para sentirse seguro.
Un espejo de nuestra relación con ellos
El ranking de vocabulario dice tanto de los perros como de sus dueños. Las razas con mejores resultados suelen ser también las que más tiempo pasan en entrenamiento y juego interactivo.
La inteligencia canina, concluyen los investigadores, no es solo un rasgo biológico: es el producto de una convivencia en la que, palabra a palabra, humanos y perros han ido aprendiendo a entenderse.
