Adiestradores y veterinarios coinciden en algo: ninguna raza “nace mala”. Lo que sí existe son razas con más tendencia a ser desconfiadas, territoriales o poco tolerantes al contacto. Con buena socialización y normas claras, esos perros pueden ser compañeros tranquilos. Sin ellas, se vuelven los típicos “cascarrabias” de la familia.
Chihuahua: pequeño, pero con mucha opinión
Es uno de los perros con más fama de gruñón. Su tamaño diminuto hace que se sienta vulnerable y reaccione exagerando: ladra, marca distancias y a veces muerde al verse acorralado.

El problema se agrava cuando se le trata como un bebé: se le toma siempre en brazos, se le ríe el gruñido y nunca se le ponen límites.
Para manejarlo, los expertos recomiendan socializarlo con personas y perros desde cachorro, no sobreprotegerlo y enseñarle normas básicas como cualquier otro perro.
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Teckel (salchicha): valiente hasta el exceso
El teckel fue criado para entrar a madrigueras y enfrentarse a animales más grandes que él. Esa valentía se traduce hoy en un carácter fuerte, a veces testarudo, que no tolera bien las correcciones bruscas ni los juegos pesados.

Suele protestar con gruñidos si le molestan mientras duerme o si niños le tiran de las orejas. Con él funcionan mejor las normas claras desde el principio, paseos diarios para gastar energía y juegos de olfato que le permitan usar su instinto de cazador sin conflictos.
Schnauzer mini: siempre de guardia
Este perro pequeño y barbudo fue pensado como perro de aviso. Está siempre atento a ruidos y movimientos, y puede reaccionar con ladridos intensos y desconfianza hacia extraños o perros desconocidos.

No es un perro “malo”, sino un vigilante nato. Lo ideal es enseñarle desde joven a relajarse ante visitas, reforzar el silencio y no gritarle cuando ladra (eso solo aumenta su excitación).
Ejercicio físico diario y entrenamiento con premios suelen reducir mucho su “mal humor”.
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Shiba Inu: independiente, no antipático
El shiba Inu se ha vuelto popular por su aspecto de zorro, pero no es un peluche. Es un perro muy independiente, con poca tolerancia a la manipulación constante: abrazos, alzarlo a la fuerza o insistir en tocarle cuando no quiere.

Suele avisar con la mirada y el cuerpo antes de gruñir, pero si no se respetan esas señales, puede reaccionar mal.
Es una raza más adecuada para personas con experiencia, que sepan leer su lenguaje corporal, trabajar con paciencia y no forzar el contacto.
Chow Chow: serio y reservado
Su aspecto de oso y su lengua azul llaman la atención, pero su carácter es más bien serio. El chow chow es reservado con extraños y puede ser muy territorial en casa. No disfruta de las muestras constantes de afecto ni de los juegos bruscos.

Para que no se convierta en un perro cascarrabias, es clave socializarlo muy bien de cachorro, enseñar a las visitas a no invadir su espacio y trabajar la obediencia básica con refuerzos positivos, nunca con castigos duros.
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Cómo convivir con un perro de carácter fuerte
Los especialistas señalan algunos puntos comunes para todas estas razas:
- Socialización temprana: que el cachorro conozca personas, niños, otros perros y distintos entornos de forma positiva.
- Rutinas claras: horarios de comida, paseo y descanso ayudan a reducir estrés y reacciones bruscas.
- Respeto al espacio: no molestarle cuando duerme o come, y enseñar a los niños a no abrazar ni acorralar al perro.
- Educación en positivo: premiar la conducta tranquila y evitar gritos o castigos físicos, que aumentan miedo y agresividad.
- Pedir ayuda profesional: si hay mordiscos, gruñidos frecuentes o miedo intenso, conviene acudir a un educador canino o etólogo.
Un perro cascarrabias no es un perro sin amor. Es un animal con un carácter particular que necesita límites claros, paciencia y comprensión. Bien llevado, ese “mal genio” se transforma en lo que siempre fue: una forma distinta de relacionarse con el mundo, no una falta de cariño.
