El grito, el quejido, tu cara de culpa y él mirándote con ojos enormes. Alguna vez te habrá pasado: pisaste sin querer la pata de tu perro y te preguntaate, en serio, si tu mascota te iba a perdonar.
La buena noticia es que tu perro no te va a guardar rencor por algo como eso. Pero sí pasan varias cosas en su cabeza en esos segundos de susto.
Dolor, sorpresa… y mucha información
Cuando lo pisás, tu perro siente dolor físico y también un gran susto. Para él, sos su figura de apego, la persona que le da comida, juego y protección. Que justo vos seas la fuente del dolor lo confunde por un momento.

No piensa “me traicionó” como lo haría un humano, pero su cerebro sí registra: “algo peligroso vino de muy cerca de mi humano”. Por eso algunos perros se apartan, bajan la cola o te miran con desconfianza unos minutos.
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¿Los perros guardan rencor?
Los especialistas en comportamiento animal coinciden: los perros no “rumian” el pasado como nosotros. No se quedan pensando horas en “lo que pasó”. Su memoria funciona más ligada al momento y al contexto.
Hay estudios que muestran que, cuando interactúan con sus personas favoritas, los perros liberan oxitocina, la llamada “hormona del cariño”. Esa base de confianza y apego pesa mucho más que un accidente puntual.
Si en general lo tratás bien, lo cuidás y jugás con él, su cerebro “archiva” ese pisotón como un evento aislado, no como una traición.
Lo que tu perro ve después del accidente
Más importante que el pisotón en sí es lo que pasa inmediatamente después. Tu perro observa:

- Tu tono de voz: si suena suave y calmado, lo tranquiliza.
- Tu lenguaje corporal: si te agachás, lo mirás con cariño y le hablás despacio, entiende que no hay peligro.
- Lo que hacés: una caricia tranquila o un premio ayudan a cambiar la emoción del miedo a algo positivo.
Si, en cambio, te enojás contigo mismo, gritás o te movés de forma brusca, él puede asustarse más, sin entender que tu enojo no es con él.
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Cómo reparar el susto
No hace falta exagerar las disculpas, pero sí es útil:
- Bajar el cuerpo a su altura.
- Hablarle con tono suave.
- Ofrecerle tu mano para que la huela.
- Darle un premio o invitarlo a un juego corto si está receptivo.
Si se aleja, respetá su espacio y dejá que vuelva cuando se sienta listo.
Cuando el miedo se repite
Si los accidentes son frecuentes (porque es muy pequeño, porque corre entre las piernas o porque hay niños en casa), el perro puede volverse más inseguro. En esos casos conviene:
- Enseñarle órdenes básicas como “quieto” o “vení”.
- Organizar mejor los espacios de la casa.
- Pedir ayuda a un educador canino si empieza a mostrar miedo constante.
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Mientras el buen trato sea la norma, tu perro no te odiará por un pisotón. Puede dolerle, puede asustarse, pero la relación construida día a día pesa mucho más que un accidente en el pasillo.
