Del mito a la mascota
El origen de su fama se pierde entre leyendas. Una de las más repetidas sitúa la historia en el periodo Edo (siglos XVII–XIX), cuando un señor feudal se refugia bajo un árbol durante una tormenta. A unos metros, un templo pobre y un gato de cola corta que, sentado junto a la puerta, parece llamarlo con la pata.
Intrigado, el noble se acerca. Instantes después, un rayo cae sobre el lugar donde él estaba. Agradecido, el señor dona tierras y riqueza al templo, que pasa a ser conocido como Gotoku-ji, cuna espiritual del maneki-neko.

Aunque la veracidad del relato es imposible de comprobar, sí está documentado que el gato de cola corta es parte del paisaje japonés desde al menos el siglo X.
Las primeras referencias lo describen como cazador de roedores en templos y almacenes de arroz, una función clave en una sociedad agrícola.
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Un diseño de la naturaleza… y de la cultura
A diferencia de otras razas, la cola recortada del Japanese Bobtail no es fruto de cruces recientes, sino de una mutación genética antigua y estable en la población felina japonesa. La cola mide apenas unos centímetros, se dobla sobre sí misma y recuerda a un pequeño pompón.

Su pelaje tricolor —blanco, negro y naranja, conocido como mi-ke— es especialmente valorado. Tradicionalmente se cree que los gatos blancos atraen pureza, el rojo (o naranja) protege frente a enfermedades y el negro ahuyenta los malos espíritus.
Reunidos en un mismo animal, estos colores convierten al Bobtail en un amuleto completo.
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Maneki-neko de carne y hueso
Con el auge del comercio urbano en Edo, la figura del gato que “invita” con la pata se popularizó como reclamo de prosperidad.
La iconografía tomó como modelo al Japanese Bobtail: cuerpo esbelto, orejas grandes y la inconfundible cola corta. A partir de entonces, la frontera entre el objeto y el animal se volvió difusa.
Hoy, criadores y dueños en Japón siguen asociando a esta raza con la buena fortuna. No es casual que muchos cafés de gatos —espacios donde los clientes pagan por interactuar con felinos— incluyan siempre algún Bobtail en su “plantilla”.
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Algunos templos y comercios organizan incluso ceremonias y eventos específicos en torno a ellos, convertidos en imán turístico y símbolo de identidad local.
Tradición que se exporta
En las últimas décadas, el Japanese Bobtail se ha difundido a Europa y América, impulsado por su apariencia singular y por la fascinación mundial por la cultura japonesa. Sin embargo, fuera de Japón su dimensión simbólica suele diluirse, reducida a la curiosidad estética.
Para muchos japoneses, en cambio, su valor sigue siendo doble: gato doméstico y recordatorio cotidiano de una antigua promesa de prosperidad.
En un país donde lo cotidiano y lo espiritual conviven en gestos pequeños, pocos animales representan mejor ese cruce de mundos que este discreto felino de cola corta que, con cada movimiento de pata, parece seguir llamando a la buena suerte.
