Cavar no es un capricho moderno, sino una conducta profundamente ligada a la historia del terrier y a la forma en que estos perros fueron seleccionados durante generaciones.
Un perro criado para ir bajo tierra

El término terrier proviene de terra (tierra). No es casual. Desde el Reino Unido hasta otras regiones de Europa, muchos terriers fueron criados para ayudar en la caza y control de alimañas —ratas, conejos, zorros— y para seguir presas que se refugiaban en madrigueras.

Su trabajo consistía en localizar, perseguir y, si era necesario, excavar para acceder a túneles o forzar la salida del animal.
Lea más: El fin del “perro de patio”: por qué usar animales solo para vigilancia ya es una práctica obsoleta
Esa herencia se mantiene incluso en contextos urbanos: el jardín o el parque sustituyen a la madriguera real, pero el impulso se activa con la misma intensidad. Para un terrier, rascar la tierra puede ser una versión doméstica del oficio para el que “vino al mundo”.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Olor, sonido y recompensa: el motor del agujero
Cavar es también una respuesta a estímulos: olores subterráneos, insectos, raíces, pequeños roedores o simplemente humedad.

Los terriers, por su carácter vigilante y su energía elevada, tienden a convertir cualquier señal en una misión. A eso se suma un componente de recompensa: el acto de excavar es entretenido, libera tensión y, desde su perspectiva, “funciona” porque siempre descubre algo —un aroma nuevo, una textura, una piedra—.

En días calurosos, además, puede haber un motivo práctico: remover tierra para encontrar una zona más fresca. No es raro que algunos perros excaven y luego se recuesten en el hueco como si fuera una cama improvisada.
Cuando el jardín paga el precio
El problema aparece cuando la conducta se vuelve habitual o compulsiva: canteros dañados, raíces expuestas y riesgo de que el animal se lastime con objetos enterrados.

En muchos casos, la causa no es solo instinto, sino falta de actividad física y mental.
Un terrier subestimulado buscará “trabajo” donde lo encuentre.
Lea más: Jack Russell Terrier: cinco kilos de pura adrenalina que no se detienen solo con ejercicio
Convivir con el excavador profesional
Especialistas en comportamiento canino suelen recomendar canalizar, más que prohibir.

Aumentar paseos, juegos de olfato y tareas de búsqueda reduce la necesidad de “autoemplearse” en el jardín.
En casas con espacio, puede funcionar destinar una zona permitida —un arenero o rincón específico— y reforzar allí la conducta, mientras se protege el resto con barreras o supervisión.
Para el terrier, cavar no es vandalismo: es identidad. Entenderlo no tapa los agujeros, pero sí cambia la pregunta. No es “¿por qué lo hace?”, sino “¿cómo le doy un trabajo mejor que mi jardín?”.
