Cómo saber si mi gato tiene problemas de glándulas anales

Si tu gato se lame con insistencia debajo de la cola, arrastra el trasero o rechaza sentarse, podría tener irritación en los sacos anales.
Si tu gato se lame con insistencia debajo de la cola, arrastra el trasero o rechaza sentarse, podría tener irritación en los sacos anales.Shutterstock

Si tu gato se lame con insistencia debajo de la cola, arrastra el trasero o rechaza sentarse, podría tener irritación en los sacos anales. En felinos es menos común que en perros, pero una infección puede doler mucho.

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Las glándulas anales —también llamadas sacos anales— son dos pequeñas bolsas situadas a ambos lados del ano. Producen una secreción de olor intenso que normalmente se elimina al defecar. En los gatos, los problemas son relativamente poco frecuentes, pero conviene consultar si aparecen cambios persistentes en esa zona.

La señal más clara no siempre es que el animal “se arrastre” por el suelo. Ese comportamiento puede deberse también a heces pegadas, parásitos, alergias o irritación de la piel. Lo que orienta a un problema anal es la combinación de lamido repetido, dolor, hinchazón o secreción anormal.

Señales de que las glándulas anales pueden estar afectadas

Un gato con sacos anales obstruidos, inflamados o infectados puede lamerse o morderse de forma insistente alrededor del ano y la base de la cola. También puede girarse bruscamente hacia esa zona, mostrarse incómodo al sentarse o maullar cuando defeca.

Si tu gato se lame con insistencia debajo de la cola, arrastra el trasero o rechaza sentarse, podría tener irritación en los sacos anales.
Si tu gato se lame con insistencia debajo de la cola, arrastra el trasero o rechaza sentarse, podría tener irritación en los sacos anales.

Otros signos para observar son:

  • un bulto, enrojecimiento o sensibilidad a un lado del ano;
  • secreción marrón, amarillenta, sanguinolenta o con olor muy fuerte;
  • esfuerzo para defecar, heces pequeñas o rechazo al arenero por asociarlo con dolor;
  • arrastre del trasero contra alfombras o pisos;
  • cambios de carácter: un gato habitualmente sociable puede evitar que lo toquen o reaccionar al levantarle la cola.

Si se forma un absceso, la piel junto al ano puede hincharse y luego abrirse, dejando una herida que drena pus o sangre. Es una situación que requiere atención veterinaria el mismo día.

Por qué se obstruyen y qué gatos tienen más riesgo

La secreción de los sacos anales suele salir por conductos diminutos durante la defecación. Si el material se vuelve demasiado espeso, el conducto se estrecha o hay inflamación local, puede acumularse. Esa retención favorece el crecimiento bacteriano y puede terminar en una infección.

Las heces blandas crónicas, la diarrea, el sobrepeso y algunas enfermedades de la piel pueden contribuir al problema. En gatos mayores también es importante no atribuir toda molestia anal a las glándulas: masas, estreñimiento, dolor articular o trastornos intestinales pueden provocar posturas y conductas parecidas.

No conviene vaciarlas en casa

A diferencia de una práctica extendida en algunos perros, las glándulas anales de un gato sano no necesitan “vaciarse” de forma preventiva. Manipularlas sin indicación puede causar dolor, inflamación o lesiones en una zona especialmente sensible.

El veterinario puede revisar si existe impactación, infección o absceso mediante un examen físico y, si hace falta, vaciar el contenido de forma segura. Según el hallazgo, el tratamiento puede incluir limpieza, analgésicos, antibióticos cuando hay infección y medidas para corregir diarrea, estreñimiento o exceso de peso.

Cuándo la consulta no debe esperar

Hay que acudir de urgencia si el gato no puede defecar, hace esfuerzos repetidos sin resultado, sangra, tiene una herida cerca del ano, está decaído, deja de comer o presenta dolor marcado. También si entra y sale del arenero sin orinar: ese signo puede confundirse con un problema anal, pero en especial en machos puede indicar una obstrucción urinaria, una emergencia potencialmente mortal.

Revisar el arenero, observar la zona sin forzar al animal y registrar desde cuándo comenzaron los síntomas ayuda al profesional a distinguir un trastorno de glándulas anales de otras causas frecuentes de picazón, dolor o dificultad para evacuar.