Según informa el portal mirror.co.uk, al entrar a un bar céntrico estaba sentado Jomar Aguayo (24). Traía ropa deportiva y una gorra azul, el mismo color del cristal de las gafas que cubrían sus ojos.
Nadie podía creer lo que pasaba: Jomar estaba muerto. Pese la polémica que generó este velorio, el Departamento de Salud de dicho país no encontró vía ilegal para poder prohibir este particular servicio.
La encargada de la empresa funeraria que se encargó del servicio dijo que "todas las personas tienen derecho a ser veladas como quieran. Se puede considerar, incluso, una obra de arte".
