Según una denuncia del diario británico The Telegraph, trabajadores inmigrantes fueron obligados a participar de un maratón organizado por las autoridades de Qatar, contra su propia voluntad.
Según el periódico, las autoridades apelaron a ellos el 27 de marzo para intentar batir el record Guinness de participantes de un medio maratón (21 kilómetros) y alcanzar la cifra de 50.000 competidores a como diera lugar. Los propios participantes en la carrera se sorprendieron al verse flanqueados por personas que corrían sin la indumentaria adecuada, varios de los cuales lucían pantalones de jean y zapatillas, según la denuncia del Telegraph.
Testigos citados por el diario declararon que había gente especialmente desplegada para evitar que los trabajadores forzados a correr desertasen de la competencia y que al final de la misma fueron subidos a vehículos y devueltos al obrador. Como si algo faltase, el medio maratón se inició a las dos de la tarde, una hora a la cual el calor golpea aún más duro. “Fue una de las carreras más caóticas y desorganizadas que jamás he visto”, le confesó un participante al Doha News.
“Algunos trabajadores trataron de evadirse, pero fueron obligados a regresar a la competencia porque era necesario que todos cruzaran la meta. Fue algo increíble”, relató al mismo diario otro de los competidores. Consultado sobre la denuncia, uno de los organizadores admitió en diálogo con el periódico The Telegraph que las empresas fueron instadas a “invitar a sus trabajadores a formar parte de la prueba”, pero aclaró que se hizo de forma voluntaria.
A pesar de los “esfuerzos”, el intento por batir el record fracasó estrepitosamente, aclaró el diario británico, pues a pesar de incluir a los trabajadores inmigrantes el número de competidores no llegó a superar los 33.000.
La federación qatarí de atletismo se comprometió a investigar la denuncia. Acusado por Amnistía Internacional de atropellar sin reparos los derechos laborales hasta convertir a los trabajadores en esclavos, Qatar fue confirmado sin embargo como sede del Mundial de fútbol en 2022. Para entonces, según las denuncias presentadas por la Confederación Sindical Internacional (CSI), habrán muerto cercade 4.000 obreros inmigrantes que se desempeñan en las obras de infraestructura y se sumarán a los 1.200 ya fallecidos.
Lo alarmante de estas cifras no impidió que la FIFA confirmase la disputa del Mundial 2022 en el primer país árabe en albergar una Copa del Mundo de la historia tras ser elegido en una no menos sospechosa votación. Eso sí, para preservar a sus “trabajadores”, el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, acordó con su Comité Ejecutivo que por primera vez en la historia también el Mundial se dispute a fin de año, o sea en pleno invierno qatarí.
El 18 de diciembre de 2022 fue la fecha elegida para la final de esa Copa del Mundo que debió alterar el calendario (los mundiales siempre se disputaron en junio-julio) debido a las altas temperaturas que representan una amenaza para la salud. La decisión, que fue rechazada por los clubes y las ligas europeas, contó con el aval de las seis confederaciones que integran la FIFA, así como también con el del Sindicato Internacional de Futbolistas (FIFPro).
Sus afiliados quedaron así a resguardo, a diferencia de los cientos de miles de trabajadores inmigrantes abocados a las obras del Mundial en un país que, paradójicamente, tiene el más alto ingreso per cápita del planeta. Claro que allí la renta no se distribuye equitativamente y de esos ingresos sólo se benefician sus ciudadanos, a expensas de un lucro que lleva a los trabajadores inmigrantes a los límites de la explotación.
