Tras sequía, en el Chaco hay gran reserva de forraje

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Fardos de heno en una propiedad del Chaco Central. Quienes no tienen reserva forrajera, pagan altas sumas en época de sequía para alimentar al ganado.
Fardos de heno en una propiedad del Chaco Central. Quienes no tienen reserva forrajera, pagan altas sumas en época de sequía para alimentar al ganado.Archivo, ABC Color

Tras la fuerte sequía que golpeó al Chaco en el 2020, muchos propietarios de establecimientos ganaderos aprovecharon el mejor clima de los últimos meses para la recuperación de las pasturas. La reserva de forraje hoy les resulta un respaldo, de cara a las épocas críticas.

FILADELFIA, Chaco (Marvin Duerksen, corresponsal). Por donde se mire es posible observar la producción de forraje en el Chaco Central. Muchos propietarios han aprovechando el tiempo favorable de lluvias y sol a fines del 2020 y hasta comienzos de febrero del 2021, cuando se dio una rápida recuperación de las pasturas en los establecimientos ganaderos, después de la fuerte sequía el año pasado.

Piquetes que parecían muertos, sin pastura o con superficies totalmente amarillas, se volvieron verdes y hacen “hundir” o desaparecer a los animales vacunos, favoreciendo la producción de forraje. Hay propiedades donde se ha podido cortar en relativamente corto tiempo hasta dos veces la pastura para hacer las reservas de forrajeras.

En el mes de febrero, llamativamente la incidencia de lluvias mermó, para volver otra vez en las dos últimas semanas en forma esporádica y puntual y existe ya el temor que la sequía del año pasado pudiera repetirse de alguna manera.

Justamente para esto los ganaderos ahora quieren aprovisionarse de suficiente alimento para pasar el periodo crítico. La incrementada producción de forraje es parte de una nueva mirada de una agricultura forrajera y de renta, incorporada a la sustentabilidad ganadera.

Muchos propietarios ya cuentan con su propia enfardadora, para preparar las reservas forrajeras, otros contratan el servicio. Los fardos hoy ya vienen envueltos en una cubierta de plástico, para su mejor conservación. La superficie de pastura, una vez cortada para hacer fardos, crece mejor y normalmente ya no se deja entrar en estas áreas a los animales, para que el pasto pueda recuperarse rápidamente otra vez.

La falta de pasto fue el gran drama el año pasado durante la prolongada sequía, la carencia de alimento animal fue peor que las reservas de agua en los tajamares.

Durante casi 10 meses no cayeron lluvias suficientemente importantes para hacer crecer el pasto y de esta manera el sector ganadero entró al invierno con superficies de pastura bajas y sin reservas forrajeras. Esto hizo trepar los precios para fardos de heno, que en la segunda mitad del 2020 se cotizó en 300.000 guaraníes la unidad, pero al final el precio subió hasta 400.000 y 600.000 guaraníes. Muchos propietarios se vieron obligados a vender gran parte de su existencia ganadera, al no poder soportar estos gastos adicionales.