Emotivo reencuentro de dos hermanas luego de 65 años

Dos hermanas quienes fueron destinadas como criadas en su adolescencia en países distintos, y nunca más se vieron, se reencontraron finalmente tras más de seis décadas de separación. Ayer, en horas de la mañana Ananía Araujo (78) y Ramona Báez de Méndez (76) pusieron fin a 65 años de desasosiego cuando, ¡por fin! pudieron fundirse en un abrazo que emocionó a la sala de desembarque del aeropuerto internacional Silvio Pettirossi, en la ciudad de Luque.

Llantos y risas al mismo tiempo. 65 años de separación cabían en un abrazo eterno en el desembarque del Silvio Pettirossi.
Llantos y risas al mismo tiempo. 65 años de separación cabían en un abrazo eterno en el desembarque del Silvio Pettirossi.

Una residente en la ciudad de Mariano Roque Alonso y la otra en Buenos Aires, Argentina, volvieron a verse luego de 65 años de separación. Se trata de Ananía Araujo (78) y Ramona Báez de Méndez (76), hijas del mismo padre y la misma madre.

Ellas fueron separadas cuando la primera tenía 13 años y la segunda solo 12 y fueron destinadas como criadas en dos países distintos (Paraguay y Argentina).

Ananía fue llevada por una prima a Argentina para “trabajar” como criada hace más de seis décadas y nunca más volvió a Paraguay. Ramona siguió viviendo en su nativa comunidad de Yuty, departamento de Caazapá. Luego, la última fue trasladada a la casa de un familiar, a la capital del país donde fue también fue criada.

“No sé qué me va a pasar cuando la vea. Cuando yo tenía 12 años y ella 13 años, nos separaron. Yo me crié con mis abuelos maternos y a ella le llevó una prima a Buenos Aires para trabajar como criada y yo la misma cosa”, dice Ramona mientras espera que el avión que traslada a su hermana aterrice en la pista del Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi.

“Hace siete meses tuvimos por primera vez un contacto, por teléfono. Mi sobrino Alberto quien vive en Argentina logró contactar con ella y consiguió su número de teléfono. Desde ese momento la comunicación fue constante. El primer día que hablamos fue una experiencia muy linda, muy emocionante”, agrega Ramona, quien vestida de punta en blanco se acomoda a cada rato los anteojos para cerciorarse de que la visual está calibrada para no perderse detalle de la llegada de su hermana.

A su lado, lo acompaña también emocionado su esposo Pedro Méndez, exfotorreportero periodístico. Este acompaña atentamente las palabras de su esposa quien agrega “comenzamos a hablar de nuestras vivencias desde que nos separamos. Ella es risueña. Ayer, antes de embarcar, me llamó y me dijo que no sabía si iba a venir y le dije; no vayas a macanear (risas), me dijo que no sabía lo que le pasaba”, agrega Ramona.

En el teléfono por horas

La mujer comenta que desde aquel primer contacto telefónico hace siete meses, todas las conversaciones duraban horas y durante ese tiempo rememoraban su infancia.

“Cada vez que hablábamos nos acordábamos cuando éramos chicas, porque nos criamos juntitas y luego nos separamos. Antes no éramos despiertas y mi abuela me mimó tanto que no sentí añoranza hacia mi hermana. Nuestra separación fue a causa de la separación de nuestros padres. Pero ahora estoy feliz y vamos a disfrutar estos trece días que estaremos juntas. A mi hermana le gusta pasear y nos iremos a la Basílica de Caacupé, a San Bernardino y a otros lugares”, manifiesta sonriente Ramona.

Por su parte Ananía, quien llegó sonriente y con los brazos abiertos a la terminal aérea Silvio Pettirossi, dijo que no podía describir con palabras la emoción que sentía al ver a su hermana Ramona luego de tantos años.

“No sé si voy a tener fuerza para hablar, pero lo intentaré. Este reencuentro es lindo. Era mi sueño encontrarla algún día y se hizo realidad. Estoy muy contenta y no puedo describir con palabras lo que yo siento en este momento. A ninguno de mis sobrinos los conozco”, son sus primeras declaraciones.

“De ella (Ramona), me separé cuando teníamos 12 y 13 años. Ahora vengo a disfrutar a toda la familia y no tengo ningún reparo para volver en cualquier momento. No hay palabras para decir lo que tengo guardado en el pecho”, expresa entre lágrimas Ananía quien llegó hasta la zona de desembarque arrastrando una maleta azul Francia y una cartera negra.

El recibimiento a pura lágrima y sonrisa, al mismo tiempo, hizo que se detuviera el tiempo y pese al paso del tiempo, los ojos de aquellas adolescentes volvieron a encenderse con la vivacidad de los años idos.

Completaban el emotivo cuadro el esposo de Ramona, don Méndez, y los sobrinos Elizabeth, Lorenzo, Carmen, Daniel y Elvira. Toda la familia prevé un gran encuentro para esta noche y varias actividades para el fin de semana “con el objetivo de no desaprovechar ni un solo instante de este momento mágico”, aseguran.

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