Laureles brilló en su fiesta, pero el camino volvió a fallar

La corrida de toros fue uno de los atractivos principales durante la fiesta de la tradición en Laureles.
La corrida de toros fue uno de los atractivos principales durante la fiesta de la tradición en Laureles.

LAURELES. Durante cuatro días, la ciudad de Laureles conmemoró su 236° aniversario y la 36ª edición de la Fiesta de la Tradición Laureleña, reuniendo a miles de personas y generando un fuerte movimiento económico. Sin embargo, el entusiasmo cultural contrastó con una realidad persistente: el deplorable estado del camino de acceso, que volvió a exponer el abandono histórico de esta comunidad del sur de Ñeembucú.

Con una intensa agenda cultural, artística y tradicional que se extendió por cuatro jornadas, la lejana ciudad de Laureles celebró su 236° aniversario de fundación y la edición número 36 de la Fiesta de la Tradición Laureleña, congregando a 10.000 personas, según estimaciones municipales.

La ciudad ubicada en uno de los rincones más alejados del departamento de Ñeembucú (102 km de Pilar): Laureles, vivió días de reencuentro y emoción, especialmente durante la jornada inaugural realizada en el local del Deportivo Laureleño, donde laureleños residentes en distintos puntos del país y del exterior compartieron abrazos, risas y lágrimas, marcando el espíritu identitario del evento.

Uno de los momentos más destacados fue la participación del reconocido referente de la cultura y la gastronomía paraguaya, profesor Clemente Cáceres, quien preparó el tradicional batiburrillo misionero, elaborado a base de vísceras vacunas. El cocinero señaló que logró distribuir cerca de mil porciones del plato típico, atrayendo a una multitud.

El profesor Trifilo Zalazar y Mirta Vera fueron parte del Reconocimiento a laureleños por el mundo.
El profesor Trifilo Zalazar y Mirta Vera fueron parte del Reconocimiento a laureleños por el mundo.

En el anfiteatro al aire libre de la plaza céntrica, artistas locales, nacionales e internacionales animaron al publico con polcas, chamamé y música latinoamericana.

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La fiesta popular vibró con las presentaciones de Dalma Ferreira y su grupo Bohemia, el Príncipe del Acordeón, mientras que por la noche el salón municipal fue colmado por Refugio de Amor y la Banda Tava’i, que hicieron cantar y bailar a los asistentes.

La tradicional jineteada, las corridas de toros (torín) y las carreras de caballos volvieron a ser atractivos centrales, extendiendo la celebración hasta las primeras horas del lunes 26 de enero.

Alan Fleitas durante su presentación en el Festival de la Tradición Laureleña.
Alan Fleitas durante su presentación en el Festival de la Tradición Laureleña.

Desde el punto de vista económico, la fiesta dejó beneficios visibles en hoteles, posadas, restaurantes, almacenes y autoservicios. El intendente municipal Fermín Candia (PLRA) calificó el evento como un “rotundo éxito”, señalando que “cada actividad se llenó” y que la alta demanda agotó productos en la tarde del domingo.

Camino feo, promesas viejas y un aislamiento que persiste

Más allá del éxito cultural y económico, la fiesta volvió a dejar en evidencia una deuda histórica del Estado con Laureles: el lamentable estado del camino de acceso desde Yabebyry hasta Laureles, un tramo de aproximadamente 30 kilómetros que se encuentra en condiciones críticas.

Varios músicos y artistas que participaron del evento denunciaron públicamente las dificultades para llegar a la ciudad, debiendo “sortear” tramos intransitables, con arenas, huellas profundas y zonas prácticamente destruidas.

Incluso, algunos de ellos publicaron videos y fotografías en redes sociales, mostrando las penurias del trayecto, imágenes que rápidamente se viralizaron.

El vehículo de Banda Tava'i siendo empujado para poder atravesar el camino que conduce a Laureles.
El vehículo de Banda Tava'i siendo empujado para poder atravesar el camino que conduce a Laureles.

El mal estado del camino no solo afecta a artistas y visitantes ocasionales, sino que representa un problema estructural para los pobladores de Laureles, que enfrentan dificultades permanentes para el traslado de personas, productos y servicios básicos.

Cada evento masivo vuelve a exponer la contradicción: una comunidad rica en cultura y tradición, pero condenada al aislamiento por la falta de infraestructura vial.

Mientras las fiestas pasan y los discursos se repiten, el camino sigue igual —o peor—, recordando que el verdadero desafío para Laureles no es organizar celebraciones exitosas, sino romper el abandono y la desidia que la mantienen aislada del resto del departamento.