El reciente secuestro de Almir de Brum, ocurrido en un establecimiento sojero de la zona de Curuguaty, en el departamento de Canindeyú, volvió a encender las alarmas sobre la operatividad del autodenominado EPP. Tras meses de aparente inactividad, el grupo criminal “madrugó” a los organismos de seguridad, desatando cuestionamientos sobre la eficacia de la inteligencia estratégica en el Norte.
El comandante de la Policía Nacional, Carlos Benítez, abordó la complejidad del escenario actual, rechazando que exista una falta de compromiso, aunque admitió que en el mundo de la inteligencia no existe el “riesgo cero”.
Ante la consulta de por qué no se detectó el movimiento de los criminales tras la ola de explosiones de enero, el comandante fue tajante al señalar que el trabajo de recolección de datos es una labor sostenida pero vulnerable.

“Siempre hay información que podría no haber llegado a tiempo. Es imposible, aquí y en cualquier parte del mundo, acceder a toda la información disponible. Penosamente, esto está dentro del presupuesto de lo que podría ocurrir”, explicó.
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El jefe policial comparó el accionar del EPP con el de las “hormiguitas”, indicando que, aunque no se perciban ataques constantes, la organización continúa trabajando en la sombra.
Aclaró que la decisión de que la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) centralice la vocería del caso responde a la “sensibilidad y complejidad” del incidente en el área de operaciones, pero subrayó que la Policía Nacional no elude su responsabilidad.
