Se preparan para la representación del Vía Crucis en Zanja Hū, Atyrá

Cada año, la representación teatral de Atyrá reúne a miles de personas.
Cada año, la representación teatral de Atyrá reúne a miles de personas.Faustina Agüero

En la compañía Zanja Hū de la ciudad de Atyrá se preparan para la representación teatral del Vía Crucis, el Viernes Santo. Jóvenes, niños y adultos se unirán para escenificar la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, que cada año convoca a miles de personas.

La representación del Vía Crucis en la compañía Zanja Hū de la ciudad de Atyrá combina fe, arte y participación comunitaria. Comenzó hace 17 años y actualmente se posiciona como uno de los eventos más concurridos durante la Semana Santa en el país.

Este año se llevará a cabo el Viernes Santo, 3 de abril, desde las 8:00. Comenzará en la escuela Brígido Báez y se desarrollará hasta la cima del cerro de la comunidad.

Cada edición atrae a visitantes de distintos puntos del departamento y del país, quienes llegan para vivir de cerca la puesta en escena y sentir la espiritualidad que envuelve cada momento del recorrido.

El grupo de teatro comunitario Pasión de Cristo, conformado por más de 100 personas, se encargan de la puesta en escena.

Durante varios meses, todos los integrantes trabajan de manera intensa, planificando cada detalle de la representación, desde los ensayos de actuación hasta la preparación de vestuarios, escenografía y la logística necesaria para que la obra se desarrolle sin contratiempos.

La coordinación entre actores y técnicos es clave y, gracias a este esfuerzo conjunto, cada función logra transmitir de manera auténtica la fe y la tradición que hacen de esta representación un evento admirado por toda la comunidad.

Las escenas están cuidadosamente preparadas para transmitir respeto y devoción, haciendo que tanto los actores como los espectadores se sumerjan en la historia de la pasión de Jesús.

Alcides Candia, uno de los impulsores del Vía Crucis, recordó que la idea surgió durante una Pascua Joven en la comunidad de Zanja Hū en el año 2008.

“Nos reunimos con jóvenes, estudiantes colegios, compartimos nuestra fe y de allí nació la idea de llevar el Vía Crucis a toda la comunidad. Hoy, 17 años después, seguimos con la misma pasión, viendo cómo esta tradición toca los corazones de tantas personas”, relató.

Agradeció el apoyo de los vecinos, la Municipalidad de Atyrá, la Gobernación de Cordillera y otros colaboradores, quienes hicieron posible que la tradición no se detuviera y continuara creciendo.

La madre de Jesús, con el rostro marcado por el dolor y la angustia, contempla a su hijo. Sus manos temblorosas y su mirada llena de amor y tristeza reflejan el peso de un sufrimiento que trasciende lo humano.
La madre de Jesús, con el rostro marcado por el dolor y la angustia, contempla a su hijo. Sus manos temblorosas y su mirada llena de amor y tristeza reflejan el peso de un sufrimiento que trasciende lo humano.
En cada puesta en escena se observa con gran realismo la flagelación de Jesús, momento que conmueve profundamente a los espectadores y refleja la entrega y el sacrificio de su pasión.
En cada puesta en escena se observa con gran realismo la flagelación de Jesús, momento que conmueve profundamente a los espectadores y refleja la entrega y el sacrificio de su pasión.
Cada escena emociona a los espectadores.
Cada escena emociona a los espectadores.

Realismo que toca el corazón

La representación teatral del Vía Crucis, en Atyrá, se consolidó como una de las más realistas y admiradas del país, destacando por la impecable interpretación de cada uno de sus actores, que incluyen tanto jóvenes como adultos. Cada escena logra transmitir emoción y devoción al público, mostrando el compromiso y la pasión de quienes participan en esta tradición que combina fe, arte y cultura, convirtiéndose en un verdadero referente del teatro religioso en Paraguay.

La 17ª edición del Vía Crucis nuevamente promete emoción, fervor y gran convocatoria. Los organizadores invitan a la gente a vivir una experiencia que trasciende lo religioso y se convierte en un encuentro de fe, arte y unión vecinal.

Este evento no solo es un espectáculo, sino un símbolo de identidad y orgullo para Atyrá, donde generaciones se unen para revivir la pasión de Cristo y compartir un momento inolvidable.