Este lunes 6 de abril, el histórico Colegio Nacional de la Capital (CNC) “Gral. Bernardino Caballero” se prepara para volver a abrir sus puertas. Lo que el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) promociona como una “transformación hacia el futuro”, para muchos padres y alumnos fue un calvario de espera y promesas incumplidas.
El nuevo rostro del CNC apuesta fuertemente a la modernidad. Según los videos difundidos por el MEC, la institución ahora cuenta con tecnología de primer nivel, convirtiéndose en un “colegio modelo” que busca proyectar a los jóvenes hacia la era digital.
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La inversión, que supera los 3,7 millones de dólares, fue adjudicada a la empresa Implenia S.A., representada por Diego Bentel, Santiago Sapena Pastor y Tatiana Mikelj, y se enfocó en rescatar una infraestructura que, según los propios alumnos, estaba “prácticamente en ruinas”.
Las clases oficiales en el CNC, al igual que en todo el país, deberían haber arrancado el pasado 23 de febrero, pero, debido a la lentitud en las obras, los estudiantes quedaron sin clases virtuales ni presenciales.
Los padres denunciaron en reiteradas ocasiones que el MEC prometió alternativas para no perder días lectivos, pero esas soluciones nunca llegaron.
El contraste con el interior del país
Si bien la recuperación de un patrimonio histórico del CNC es una noticia positiva, el panorama en el interior del país es totalmente distinto.
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La inversión millonaria que hoy se celebra en la capital es una realidad que no se refleja en las escuelas rurales o de departamentos alejados, donde los techos se siguen cayendo y la “tecnología de punta” parece un sueño.
El propio ministro de Educación, Luis Ramírez, reconoció en su momento que las obras, iniciadas en febrero de 2025, eran urgentes porque el colegio estaba “en desuso” por su peligrosidad.
Los estudiantes habían denunciado el abandono de esta infraestructura, que es símbolo de la educación paraguaya.
