Unos 2.000 catequistas de las distintas parroquias de la Diócesis de San Lorenzo participaron del III Congreso Diocesano de Catequesis, desarrollado ayer y hoy en el Polideportivo Municipal de San Lorenzo.
Durante las dos jornadas se realizaron conferencias, espacios de formación, momentos de oración e intercambio de experiencias orientados a fortalecer la misión evangelizadora de los agentes pastorales.
Uno de los temas centrales fue la necesidad de crear espacios seguros para los catequizando y personas vulnerables dentro de las comunidades parroquiales.
El asesor de Catequesis de la diócesis y párroco de la Catedral de San Lorenzo, presbítero Pedro Celestino Brítez, señaló que durante el congreso se analizó la importancia de establecer mecanismos de prevención y actuación ante eventuales casos de abuso.
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“Hay una falta de acompañamiento a los catequistas. También existe una falta de formación ofrecida por la diócesis y, cuando se generan estos espacios, muchas veces la gente no participa”, comentó cura párroco.
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“Se habló de la necesidad de un ambiente seguro para las personas vulnerables, principalmente para las criaturas y menores de edad. También se habló de la necesidad de elaborar un protocolo para actuar si eventualmente se presenta alguna situación”, expresó el sacerdote.
Por su parte, el coordinador diocesano de Catequesis, Roberto Ramírez Cabello, explicó que el congreso buscó fortalecer la labor de los catequistas mediante nuevas herramientas para responder a los desafíos actuales de la evangelización.

Indicó que este año el encuentro puso especial énfasis en una catequesis de acompañamiento integral, considerando la realidad que atraviesan las familias y las comunidades, con el objetivo de que los agentes pastorales puedan transmitir la fe de manera más cercana y efectiva.
Las actividades concluyeron con la misa de clausura, presidida por el obispo de San Lorenzo, monseñor Joaquín Hermes Robledo.
Durante su homilía exhortó a los catequistas a asumir con coherencia la misión evangelizadora, inspirándose en el ejemplo de Jesucristo y dejando que la Palabra de Dios transforme sus vidas y su servicio.

“Nuestro modelo de catequista es Jesús. Nos llama a vivir con coherencia, nuestra vida y nuestra misión. Nos invita a saber elegir el bien y dejar el mal, a discernir lo que es de Dios, a tener paciencia y esperanza, escuchando y poniendo en práctica su Palabra. El Reino de Dios crece con nuestra colaboración y, como la levadura, el Evangelio transforma poco a poco la vida de las personas. El servicio nos lleva a la alegría; ese es el regalo que Dios nos hace”, manifestó el obispo durante la celebración eucarística.
