La situación de los indígenas en Paraguay ha salido de nuevo a cobrar un incrementado protagonismo en la conciencia social por el contraste entre la atención brindada a los nativos durante la visita al país del papa Francisco la semana pasada y la importancia brindada a su bienestar antes y después de la visita del Pontífice.
Publicaciones sobre las múltiples miserias que deben soportar los nativos son recibidas infaliblemente por expresiones de solidaridad y lamentos en las redes sociales, pero rara vez pasan de eso. Sin embargo, un grupo de ciudadanos decidió hacer algo más: ayer, los ciudadanos unidos en la comunidad activista Bandera Blanca Paraguay se acercaron al grupo de indígenas apostado frente a la sede del Instituto Paraguayo del Indígena (Indi) en Asunción, donde desde hace días pasan frío y hambre mientras se manifiestan en reclamo de la compra de tierras para poder establecerse.
Para aliviar el hambre llevaron a los nativos alimentos como cocido, galletas y tortas, y regalaron a los niños algunos juguetes. “Queríamos desayunar con nuestros hermanos indígenas, compartir con ellos y volver a recordarles que no están tan solos”, comentó uno de los participantes de la iniciativa, Alejandro Luis Buzó, quien publicó en redes sociales fotografías del “domingo diferente” que él y sus compañeros pasaron con los indígenas.
Además de llevar alimentos y jueguetes, los voluntarios se dedicaron a limpiar el área donde están acampados los indígenas. Ante los reclamos por la situación de estos indígenas, el titular del Indi, Jorge Servín, había argumentado que el instituto no cuenta con infraestructura propia para ofrecer albergue a los nativos y que otras entidades del Estado como las Fuerzas Armadas se muestran reacias a ofrecer sus instalaciones para albergarlos.
