Efraín, el hijo de todas

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Es históricamente sabido que el coraje de la mujer paraguaya tiene una fama que traspasa fronteras y cuya guapeza puede levantar una ciudad de las ruinas de una guerra, por más cruenta que esta sea. Esa capacidad de transformar la tragedia en experiencia se pone a prueba ante hechos de absurda violencia como lo ocurrido en Filadelfia esta semana.

Efraín, el joven de 16 años que caminaba a su colegio y que fue salvajemente asesinado con una estocada mortal en el corazón, tuvo un abrupto final que interrumpió sus sueños de construir un Chaco mejor.

Efraín, un jovencito talentoso y soñador, con su trágica muerte desnudó todas las calamidades de una ciudad que se dice provida y profamilia y que no fue capaz de proveer el más mínimo soporte en cuanto a desarrollo y seguridad al joven que caminaba pacientemente todos los días al colegio.

Efraín es el hijo de todas. Es el joven atleta, abanderado y medalla de oro que vio en el estudio y la disciplina de levantarse temprano la oportunidad de desarrollarse y enorgullecer a sus padres.

Efraín también representa el clímax del fracaso, de toda la miseria social, subordinada a la política cocinada al calor de las pañoletas coloradas que muy de lejos (y muy de cerca) de la realidad del Chaco roban fortunas destinadas a seguridad, a hospitales nuevos e infraestructura.

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¿Qué reconstruiremos las mujeres, residentas modernas, si matan salvajemente a nuestros hijos? ¿Qué nos motivará si nos quitan la esperanza y la seguridad de criar ciudadanos de bien? Nos adormece el conformismo y no percibimos que como en el pasado, en el presente somos más que nunca mujeres capaces de cambiar el destino de toda una nación.

Más que celebrar, demos validez y peso a nuestro duelo y que la acción sea parte de nuestra dinámica como paraguayas y como madres de multitudes. Que reclamemos al punto y tan insistentemente que nuevamente durmamos tranquilas sabiendo que ningún Efraín será muerto violentamente camino a la escuela.