Más allá de los ojos

A sus 22 años se destaca como estudiante de Derecho y pasante del Banco Central del Paraguay. No ver con los ojos no le priva de mirar más allá.

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Actualmente cursa el segundo año de Derecho en la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Sensible, sincero, respetuoso y conversador, Augusto Gabriel González supo superar los obstáculos de la vida para desafiarlos con nuevas metas a su paso. Se desempeña como pasante de la Secretaría Privada de la Superintendencia de Bancos, del Banco Central del Paraguay, donde atiende y pasa llamadas, entre otras funciones. Pero sus capacidades demuestran que aspira a mucho más.

Su madre, Obdulia Sánchez, decidió dejar la comodidad de su hogar para acompañarlo desde los primeros cursillos para el ingreso a la universidad. “Es mi compañera de curso: más que nada para acompañamiento, pero creo que le está gustando la carrera al final”, comenta. “Todos mis exámenes son orales y los profesores son muy buenos, atentos, me tienen paciencia… y hasta ahora se adaptaron bien”, expresa.

Augusto empezó a leer a través del sistema Braille recién a los 10 años. Y es allí donde lamenta el sistema de educación tardío que recibió de la Escuela Santa Lucía de Asunción. “Creo que hubo un ensañamiento porque no me dejaron incluirme”, dispara. “En el preescolar estuve hasta los 9 años, cuando a algunos amigos se les enseñó Braille a los 6 años”, sentencia.

“Yo siempre quería aprender Braille; a mí me encanta porque –como escuché en un documental de Radio Nacional de España– así como el bastón, es el símbolo de la persona con discapacidad visual. Es nuestro lenguaje universal”, explica.

La discapacidad visual no es motivo para que Augusto se aleje de la tecnología, ni mucho menos. Fanático de las redes sociales principales como Facebook y Twitter, el futuro abogado es usuario de computadoras y teléfonos inteligentes.

“Las computadoras que yo empecé a usar por primera vez fueron a través del proyecto Agora Paraguay, que es un proyecto de la Fundación ONCE (Organización Nacional de Ciegos Españoles) para América Latina. Ellos capacitan y te insertan laboralmente”, señala. Fue así como, en 2009, empezó a utilizar computadoras, y hoy la utiliza en su casa a través del software JAWS (acrónimo de Job Access With Speech).

La picardía de Augusto no pasa desapercibida en las chicas, y recientemente estuvo en pareja. Aunque es un punto de conversación que lo intimida, y prefiere no explayarse.

Sus mayores desafíos están puestos, hoy, a recibirse de abogado y superar el estatus de pasante para ser un funcionario contratado. “Quiero asegurar mi futuro, sea en una institución pública o privada”, asegura.

Lastimosamente, Augusto todavía observa actos de discriminación hacia las personas con discapacidad visual. “Tengo carnet, porque una ley dice que personas ciegas y acompañantes están eximidos del pasaje. Una vez le mostré el carné al chofer y me terminó insultando”. Muchos de sus amigos también viven, a diario, situaciones penosas. “En un colectivo, un amigo le pidió a un chofer bajarse en tal lado… le avisaron los pasajeros, porque el chofer ni ahí. Se estaba bajando y, cuando estaba en último escalón, el chofer aceleró… menos mal tenemos buenos reflejos, o si no se hubiera caído”.

Su compromiso cívico y de consciencia lo lleva a Augusto a inmiscuirse en el gremialismo de su facultad, llevando adelante un proyecto de políticas inclusivas desde el Centro de Estudiantes. Igualmente, esbozó un proyecto de accesibilidad a billetes y cajeros automáticos para personas con discapacidad visual.

Mientras vive con alegría, rodeado de amigos y su familia, musicaliza sus días con piezas de música clásica (desde Tchaikovsky, Beethoven a Mozart) hasta clásicos del hard rock (Guns N’ Roses, Scorpions, Poison y Aerosmith).

También lee seguido a través de audiolibros y ve películas a través de materiales explicativos. “Trato de imaginarme el mundo como me explican”, revela Augusto. “La gente no sabe cómo explicar... Pero me puedo hacer una idea de un mundo ficticio”.