Las Reuniones Anuales del Grupo BID, previstas desde hoy y hasta el 14 de marzo en Asunción, llegan con una agenda marcada por el desarrollo impulsado desde el sector privado, el financiamiento, la integración y los desafíos productivos de la región. En ese marco, Bancop se presentará como un caso que el propio ecosistema del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) decidió visibilizar por su conexión entre crédito, producción de alimentos y mitigación del riesgo climático.
En un país donde la agricultura y la ganadería siguen siendo ejes decisivos de la economía, la experiencia del banco permite leer, en escala local, varios de los temas que atraviesan la asamblea. Detrás de la vitrina internacional hay una historia institucional, una cartera fuertemente expuesta al agro y una relación de larga data con organismos multilaterales que hoy encuentra una nueva validación.

Un banco centrado en apoyar la producción
La trayectoria de Bancop ayuda a entender por qué su nombre aparece hoy ligado a esta discusión. La entidad inició operaciones en 2012 y nació bajo el impulso del cooperativismo productivo, con raíces vinculadas a la Federación de Cooperativas de Producción Ltda. (Fecoprod) y a un grupo de cooperativas con fuerte presencia en rubros agropecuarios. Esa matriz de origen terminó definiendo el centro de gravedad del negocio.
La memoria 2024 del banco muestra con claridad ese perfil. Al cierre del último ejercicio anual disponible, Bancop superó los US$ 800 millones en activos, alcanzó una cartera de créditos superior a US$ 580 millones y depósitos por US$ 567 millones. Dentro de esa estructura, el 30% de la cartera se concentró en agricultura y el 21% en ganadería, mientras que el índice de morosidad cerró en 1,83% (hoy inferior a 1%), por debajo de la media del sistema.
Dimas Ayala, gerente general de Bancop, resume esa lógica e impacto multilateral de la siguiente manera: “La relación con el BID y el BID Invest se da desde el inicio de operaciones del banco”. En su visión, el interés del organismo no surgió por casualidad, sino por el tipo de accionistas y clientes que orbitan alrededor de la institución. “Esta entidad es una entidad de cooperativas de producción que generan alimentos especialmente. Así, Bancop está presente tanto en el sector ganadero como en el sector agrícola”, sostuvo.
Ese conocimiento de primera mano sobre el negocio productivo es uno de los argumentos que el banco reivindica para explicar su crecimiento y la calidad de su cartera. Ayala señala que el directorio cuenta con perfiles que conocen directamente los ciclos del agro, sus riesgos y sus oportunidades. Desde esa óptica, Bancop se presenta menos como una entidad generalista y más como un banco que construyó especialización alrededor de un segmento que, al mismo tiempo, es estratégico para Paraguay.

El crédito que puso a la seguridad alimentaria en el centro
Sobre esa base se montó la operación que hoy conecta a Bancop con la agenda del Grupo BID. La línea fue estructurada a fines de 2023 y anunciada públicamente por BID Invest en marzo de 2024. El paquete alcanza hasta US$ 20 millones, con US$ 15 millones financiados por BID Invest y cerca de US$ 5 millones movilizados de inversores institucionales. El destino es concreto: financiar a pequeños y medianos productores de los sectores agrícola y ganadero, con la mira puesta en fortalecer la producción de alimentos en Paraguay y, por extensión, aportar a la seguridad alimentaria regional.
Michael Harder, presidente del directorio de Bancop, ubica ese crédito dentro de una relación más amplia. “El BID nos acompañó desde el inicio de la actividad del banco”, afirmó, antes de remarcar que el financiamiento “va directamente dirigido para financiar pequeños y medianos productores del sector agrícola ganadero en Paraguay, con el objetivo final de contribuir a la seguridad alimentaria en el país y en la región”.
La relevancia del instrumento no pasa únicamente por el monto. También importa por el tipo de señal que envía. Para una entidad con casi la mitad de su cartera enfocada en el agro, contar con una línea de este perfil implica reforzar su capacidad de acompañamiento allí donde el acceso al financiamiento sigue siendo decisivo para sostener escala, eficiencia y resiliencia. Harder lo plantea directamente, explicando que el apoyo de BID Invest ayudó a fortalecer a los pequeños y medianos productores, mientras que los grandes jugadores suelen tener otras alternativas de fondeo por su propia estructura.
Ayala va en una dirección similar cuando explica por qué el foco productivo resultó atractivo para el organismo multilateral. “Nosotros financiamos a los productores agrícolas y ganaderos, y al BID le interesa esto, porque justamente les permite ser más eficientes y producir más alimentos para Paraguay y para el mundo”, señaló. Más allá del foco institucional, el concepto de la seguridad alimentaria no se aborda solo desde grandes discusiones globales, sino también desde la ingeniería concreta del crédito.
Al margen del monto, Harder remarcó que detrás de esta línea existe una base productiva con peso real en la economía paraguaya. Señaló que Paraguay ocupa el primer lugar mundial en exportación de azúcar orgánico y el cuarto en carne vacuna, y sostuvo que una parte importante de esa capacidad está vinculada a cooperativas asociadas o accionistas de Bancop. Según detalló, ese entramado explica el 90% de la leche, el 13% de la soja, el 32% del trigo y cerca del 23% de la carne producida en el país, además de una participación relevante en las exportaciones de granos, con 18% de la soja, 14% del trigo y 80% del maíz exportado.
Bajo esa lógica, el crédito impulsado por el BID Invest no solo fortalece la posición del banco en el financiamiento agropecuario, sino que también acompaña a una red que ya tiene incidencia concreta en la producción de alimentos y en la inserción exportadora del país.

La asamblea como vitrina y espacio de validación
Cabe comprender que la asamblea del BID llega este año con un doble valor para Paraguay. Por un lado, pondrán al país en el radar de ministros, gobernadores, banqueros y representantes del sector privado de toda la región. Por otro, abrirán una ventana para que experiencias locales sean observadas en un foro donde no solo se debate política de desarrollo, sino también se tejen relaciones financieras, técnicas y comerciales.
Ayala explica que, en paralelo a la asamblea formal de gobernadores, se desarrollan paneles, seminarios y reuniones bilaterales entre bancos, organismos multilaterales y corresponsales del exterior. En ese terreno, Bancop llega con agenda propia, pero también con un rol adicional, ya que va a participar de un panel vinculado a herramientas que utiliza el sistema financiero para atenuar el riesgo climático.
En este punto radica una parte sustancial del hito logrado. Según el ejecutivo, el banco fue invitado para exponer el ejemplo práctico de una herramienta que ya viene aplicando y que hoy dialoga de lleno con las nuevas exigencias del sistema financiero. Dicho en otras palabras, la presencia de Bancop en la asamblea busca exhibir una experiencia operativa que puede ser leída como caso de uso dentro de una agenda de impacto mayor.

Cuando el riesgo climático entra al comité de crédito
El componente técnico de este crédito aparece con la herramienta de medición de riesgo climático incorporada a partir de la operación con BID Invest. Diego Galeano, gerente integral de Riesgos de Bancop, describe el punto de partida con bastante claridad: producir alimentos sin considerar el clima se volvió una contradicción insostenible. Sequías, inundaciones, calidad de suelo, capacidad de adaptación y nivel de tecnificación dejaron de ser variables periféricas para pasar a formar parte central de la evaluación crediticia.
Galeano explica que, tras la firma de la línea, el banco trabajó durante 2024 con un proveedor especializado para desarrollar una herramienta adaptada a sus necesidades, que consulta al mismo tiempo más de 50 proveedores de datos, tanto locales como globales. Desde 2025, ese sistema permite cargar información básica del productor —ubicación geográfica, superficie, rodeo, tecnificación y otras variables— y obtener en segundos un reporte que combina datos estadísticos, antecedentes climáticos y señales de riesgo.
El punto interesante es que la herramienta no opera como filtro automático ni como reemplazo del criterio humano. “No significa que un caso se rechaza o no. Es un elemento más para tomar la decisión, un elemento muy importante que ayuda a decidir”, resume Galeano. En la práctica, eso permite enriquecer el análisis del cliente, pero también revisar mejor la calidad de las garantías y orientar con más precisión la conversación entre el ejecutivo de cuentas y el productor.
La lectura del banco es que este componente técnico beneficia a ambos lados de la mesa. Para la entidad, mejora el control de la mora y la capacidad de respuesta. Para el cliente, aporta información útil para proyectar mejor su operación y detectar vulnerabilidades antes de asumir un nuevo endeudamiento. Galeano lo vincula directamente con la eficiencia: “Aumentó la eficiencia y por ende el tiempo de respuesta al cliente”.
Todo este proceso, además, empezó a ganar peso regulatorio este año. Si bien el sistema financiero paraguayo ya venía trabajando desde años atrás bajo esquemas de gestión de riesgos ambientales y sociales, el Banco Central del Paraguay (BCP) aprobó en mayo de 2025 una guía específica sobre riesgos financieros relacionados con el clima, cuya vigencia rige desde el 1 de enero de 2026 para las entidades supervisadas.
En la práctica, eso empuja a los bancos a incorporar políticas, procedimientos y criterios más claros para evaluar cómo eventos como sequías, inundaciones o cambios en las condiciones productivas pueden afectar la calidad del crédito, especialmente en una economía con fuerte exposición al agro.

