La industria automovilística llega a este año después de un 2025 descrito por la Cámara de Distribuidores de Automotores y Maquinarias (Cadam) como un período de fuerte crecimiento, con mayor despliegue comercial, más inversión y una industria que amplió marcas, sucursales y empleo formal. Si bien, ese antecedente sienta las bases de la tendencia que debería observarse en esta nueva etapa, el propio sector obliga a mirar la otra cara del negocio: la capacidad de responder en forma a un mercado más grande, más exigente y, por momentos, colapsado.
Haciendo un repaso, según estadísticas de Cadam, 2025 cerró con 38.611 vehículos nuevos importados, 11,3% más que en 2024. El liderazgo de las SUV y camionetas cerradas fue claro. Ese segmento sumó 22.326 unidades y representó 57,8% del total. Las pick up alcanzaron 9.179 unidades, con 23,8% de participación, mientras los automóviles tradicionales cerraron en 6.024 unidades, equivalentes al 15,6%.

Un arranque con respaldo en las compras
Ese pantallazo de cierre de año ayuda a leer mejor el primer tramo de 2026. El último corte sectorial difundido por Cadam en marzo informó que las importaciones de vehículos crecieron 27,8% frente al mismo período del año anterior. Cabe aclarar que el porcentaje no equivale a ventas finales, pero igualmente funciona como un indicador del pulso de abastecimiento y de la expectativa con la que el sector empezó el ejercicio.
Durante 2025 el mercado ya había mostrado una composición favorable para los segmentos de mayor valor unitario y mayor exigencia de servicio. Camiones y ómnibus también cerraron el año con una expansión acumulada de 16,3%, al pasar de 2.013 a 2.341 unidades importadas. En paralelo, la propia Cámara reportó que los vehículos híbridos y eléctricos crecieron 65,7% en 2025, hasta 4.049 unidades, y pasaron a representar 10,5% del total importado. Ese porcentaje incorpora una capa tecnológica que agrega una nueva exigencia a la competencia donde, además de la colocación, se demanda capacitación, respaldo técnico, infraestructura y hasta repuestos poco frecuentes.
El balance institucional del gremio acompaña esa lectura. En su cierre de 2025, el presidente de Cadam, Miguel Carrizosa, señaló un período de expansión, inversión y mayor formalidad para la industria. Según el dirigente, las empresas asociadas reúnen más de 250 sucursales en el país, representan más de 100 marcas y generan más de 12.500 empleos formales. Estas son cifras que ayudan a dimensionar el peso económico de una actividad que dejó de ser solo vitrina comercial para convertirse en una red de importación, financiación, servicio y empleo.
El termómetro comercial acompaña
Esta señal sectorial encuentra también un apoyo adicional en datos del Banco Central del Paraguay (BCP). El Estimador de Cifras de Negocios (ECN) correspondiente a enero de 2026 mostró una variación interanual de 0,2% en el índice general y un alza de 4,5% en el promedio móvil de tres meses. Dentro de un arranque de año donde el comercio en su conjunto no tuvo un desempeño homogéneo, el BCP identificó resultados positivos específicamente en venta y mantenimiento de vehículos.
Ese matiz es relevante, ya que ayuda a entender que el negocio automotor no depende únicamente de la colocación de unidades nuevas. También se sostiene del mantenimiento, repuestos, servicios técnicos y atención continua. Es decir, converge en una actividad más amplia que toca talleres, mostradores, servicios programados y operaciones de posventa.
Asimismo, la correlación entre importaciones al alza y desempeño positivo del rubro en el ECN ofrece una base firme para hablar de un arranque activo de 2026, aun sin un cierre público de ventas del primer trimestre.

Ranking de importados y lógica de mercado
Según el ranking de Cadam, al cierre de febrero Kia encabezó las importaciones con 11,6% del total, seguida por Toyota con 11,2%, Hyundai con 11,1%, Fiat con 7,8%, Chevrolet con 6,7%, Geely con 4,8%, Chery con 4,6%, y Nissan, Jetour y Suzuki con 3,5% cada una.
Cabe entender que el peso de las SUV dentro del mix importado también deja una lectura más amplia sobre la demanda local. En el último corte del gremio, ese segmento concentró 66,7% de las unidades ingresadas. La preferencia no responde solo a una cuestión de diseño o posicionamiento comercial, más bien dialoga con el uso real que se le da al vehículo en Paraguay, donde el estado de calles, avenidas y rutas, junto con la necesidad de combinar manejo urbano con trayectos más exigentes, empuja la demanda hacia unidades con mayor capacidad, versatilidad y sensación de robustez.
En cuanto a camiones y ómnibus, Cadam reportó 198 unidades importadas, con una variación interanual de 40,2%. De ese total, 189 fueron camiones y solo 9 ómnibus. El dato no solo muestra movimiento en transporte y logística, también confirma que, aun en un mercado donde ganan espacio los vehículos de uso familiar y multipropósito, el componente utilitario sigue teniendo peso propio dentro de la estructura automotriz por una demanda industrial pujante.
La fricción aparece del lado del cliente
Por otra parte, el aspecto menos cómodo de la escena aparece cuando se mira el mercado desde el usuario. Los datos de la Secretaría de Defensa del Consumidor y el Usuario (Sedeco) correspondientes al cierre de 2025 mostraron 11.998 consultas y 7.602 reclamos, con aumentos interanuales de 44% y 345%, respectivamente. Dentro de esa distribución sectorial, el segmento automotor concentró 622 reclamos, equivalentes al 8% del total.
Si bien el reclamo no es sinónimo automático de falla en el sistema, o del taller ni de crisis de repuestos, en el caso automotor, los reportes ubican los principales conflictos en condiciones contractuales, pagos iniciales y entrega de unidades. Esto habla de la fricción que existe muchas veces, tanto en la etapa inicial como en la posventa. Un retraso en la entrega, una condición poco clara o un anticipo mal gestionado también forman parte de la experiencia del cliente y pesan sobre la reputación de la marca o de la concesionaria.
Cuando Sedeco muestra, además, que entre los principales motivos de reclamo sobresalen prácticas abusivas, mal servicio, publicidad engañosa y falta de información, resalta una señal directa sobre el sector privado. El consumidor que adquiere un vehículo —sea nuevo o usado — no solo compara precio, diseño o cuota, también termina evaluando tiempos de respuesta, claridad de las condiciones, cumplimiento de lo ofrecido y capacidad de resolver problemas sin desgaste adicional. Ahí es donde la posventa deja de ser un apartado y pasa directamente al centro del negocio.

Un parque enorme, una presión permanente
La escala del parque automotor ayuda a entender la magnitud que toma la industria. De acuerdo con estadísticas del Registro Unificado Nacional actualizadas a abril de 2026, el país acumula 3,4 millones de automotores. Dentro de ese total sobresalen 1,3 millones de motos y 201.594 automóviles. Estos datos entregan una imagen clara del universo que demanda registro, mantenimiento, repuestos, seguros, chapas, controles y atención.
Ese volumen tiene implicancias directas. Cuanto mayor es el parque, mayor es la presión sobre la cadena de servicios, sobre todo en los eslabones que el cliente percibe con más sensibilidad. Disponibilidad de turnos, tiempos de reparación, acceso a piezas, comunicación posventa y cumplimiento de garantías. El desgaste reputacional muchas veces aparece por la demora, por la falta de información o por una promesa comercial que luego no encuentra respaldo operativo.
Una perspectiva contrastada
Para el sector automotor local, el arranque de 2026 deja dos lecturas simultáneas. La primera es favorable, ya que hay una base de crecimiento construida en los últimos años, importaciones en ascenso y un termómetro del BCP que muestra movimiento positivo en venta y mantenimiento de vehículos. La segunda, por su parte, obliga a mirar la otra mitad del mostrador. El consumidor reclama más, compara más y tolera menos desorden en contratos, entregas y atención.
Ese cruce define buena parte del momento actual. El dato más ameno del negocio sigue estando en el flujo de importación y en la capacidad comercial de un mercado que conserva dinamismo. El dato con más fricción aparece en el punto de contacto con el cliente, donde se juega la credibilidad del sector formal y la diferencia real entre vender una unidad y sostener una relación. Ahí se va a medir la solidez de la industria automotriz paraguaya en lo que resta del año.
