Paraguay dejó de ser, hace mucho, un país que vende solo materia prima. Lo que cambia hoy, y bastante, es el grado de transformación según la cadena. La carne bovina, el aceite y la harina de soja, los lácteos, el arroz parbolizado y la madera procesada forman hoy el núcleo más visible de valor agregado con productos elaborados a partir de insumos nacionales.
Alrededor de ese núcleo avanzan los productos porcinos y los biocombustibles. La maquila, en cambio, suma valor por otra vía —mano de obra, energía, procesos fabriles, logística— con una participación mucho más despareja de insumo paraguayo.
Medir esa transformación no es tan simple como sumar cifras de exportación, ya que hay que separar operaciones que suelen quedar mezcladas bajo una misma etiqueta. Vender soja en grano no equivale a convertirla en aceite y harina, así como transformar un recurso local es distinto de ensamblar piezas importadas para reexportarlas. Ambas actividades generan producción y empleo —valor agregado, en definitiva— pero parten de estructuras industriales completamente distintas.
La base consolidada
La carne bovina ocupa el primer lugar cuando se habla de escala y complejidad. Su transformación pasa por la faena, desposte, cadenas de frío, controles sanitarios, trazabilidad, empaque y logística especializada. Para dimensionar, entre enero y junio de 2026, las exportaciones del producto, sin incluir menudencias, alcanzaron US$ 900,3 millones y 132.400 toneladas. El valor retrocedió 12,8% y el volumen, 27,3%, aunque el precio implícito promedio subió de US$ 5.672 a US$ 6.802 por tonelada.
Chile continuó como principal destino, con compras por US$ 299,4 millones, seguido por Israel, con US$ 155,4 millones, y Estados Unidos, con US$ 130,5 millones. En conjunto, esos tres mercados concentraron el 65,1% del valor exportado durante el semestre.
La soja presenta una realidad más dividida. Paraguay dispone de plantas que convierten el grano en aceite, harina y cascarilla, utilizados por la industria alimentaria, la nutrición animal y los biocombustibles, pero también exporta en estado natural. Hasta mayo de 2026, la molienda acumuló 1.485.958 toneladas, 11% más que en el mismo periodo del año anterior.
Los envíos también reflejaron ese mayor procesamiento ya que, a junio, las exportaciones de aceite de soja sumaron US$ 354,7 millones, con un crecimiento de 22,4%, mientras la harina alcanzó US$ 349,6 millones, 17,9% más. El contraste, sin embargo, permanece, siendo que la soja en estado natural generó US$ 2.273,8 millones y representó 34,7% de todas las exportaciones registradas del país, dejando una gran ventana de oportunidad para seguir generando industrialización y valor agregado.
En un segundo escalón aparecen los lácteos y el arroz. La leche se transforma localmente en productos UHT o “larga vida”, leche en polvo, quesos, yogures, manteca y dulce de leche. El arroz, por su parte, incorpora secado, clasificación, parbolizado y empaque antes de salir del país. Para entender la dimensión, en el primer semestre de 2026, las exportaciones de arroz parbolizado alcanzaron 554.000 toneladas por US$ 159,9 millones. El volumen creció 8,8%, pero el valor cayó 20,5%, debido a menores precios.
Granos convertidos en proteína
La carne porcina, por su parte, es una de las cadenas con mayor capacidad para elevar el valor agregado de commodities como el maíz y la soja. En vez de vender ambos granos por separado, la producción animal los incorpora como alimento y los transforma en proteína destinada al consumo y la exportación.
Los envíos porcinos alcanzaron US$ 27,3 millones y 8.700 toneladas durante el primer semestre de 2026; frente al mismo periodo de 2025, el valor aumentó 28,6% y el volumen, 24,4%. Taiwán absorbió el 90,5% de la facturación, con compras por US$ 24,7 millones. No obstante, esa concentración retrata la dependencia de un solo comprador en una cadena que, al lado de la bovina, todavía es chica.
Madera y biomasa
Por otra parte, la transformación forestal combina productos con grados muy diferentes de procesamiento, mientras el carbón vegetal sigue liderando en términos de volumen. A junio de 2026, sus exportaciones sumaron US$ 24,3 millones y 53.400 toneladas, con subas de 34,5% y 7,9%, respectivamente. La oferta industrial suma, además, madera aserrada, contrachapados, láminas, pisos de ingeniería y piezas de carpintería, es decir, productos cada vez más elaborados a partir de plantaciones de eucalipto.
Asimismo, los biocombustibles son hoy el puente entre la producción agrícola y la transformación energética. El etanol se apoya principalmente en la caña de azúcar y los cereales; el biodiésel, en el aceite de soja y otras grasas. Durante el primer semestre, el alcohol etílico sin desnaturalizar y el biodiésel estuvieron entre los productos que más empujaron el crecimiento de las exportaciones bajo maquila.
Otra clase de valor
La maquila completa el mapa con una lógica diferente, ya que las autopartes, confecciones, productos químicos y farmacéuticos, aluminio y plásticos pasan por procesos industriales dentro del país, pero una parte importante de sus insumos procede del exterior. En este caso, el valor agregado nacional se concentra en mano de obra, energía, transformación, servicios y logística.
Entre enero y junio de 2026, los bienes exportados bajo este régimen sumaron US$ 716,7 millones, 29,6% más que un año antes. Las autopartes concentraron el 32% del total, y confecciones y textiles, el 16%. Las empresas maquiladoras emplearon a más de 36.000 personas al cierre del semestre, 6% más que en junio de 2025. Los principales empleadores fueron confecciones y textiles, con 8.363 trabajadores, y autopartes, con 7.865.
¿Qué se transforma en qué?
- Soja: aceite, harina, cascarilla y biodiésel.
- Maíz y soja: alimento balanceado y carne porcina.
- Leche: productos UHT, quesos, yogures, manteca y leche en polvo.
- Arroz con cáscara: arroz blanco, parbolizado y productos envasados.
- Madera de plantaciones: tablas, contrachapados, pisos, muebles y piezas de carpintería.
- Caña de azúcar y cereales: etanol y otros biocombustibles.
