Jn 1,6-8.19-28
Esta hermosa misión de Juan Bautista es la misión de todo cristiano: dar testimonio de la luz, de las cosas correctas, de la honestidad profesional y de la primacía de la fraternidad sobre el materialismo.
Cuando un cristiano vive de esta forma despierta la fe en muchas personas, que se dan cuenta de que hay otro estilo de comportarse, que no sea la esclavitud del dinero y de la soberbia.
A la par, la conciencia profunda que Juan tenía de “no ser la luz”, sino testigo de ella. Así también nosotros no debemos querer ser la “luz”, hipotético superstar, en el mundo de las vanidades y pavadas, sino un testigo veraz de que únicamente Jesucristo es el Maestro.
Al dar testimonio de la luz el cristiano sabe que no es la figura central y que no puede liberar por su propio esfuerzo, pero sabe también que su encargo es necesario y que Dios lo elige como instrumento de su gracia.
Esta descubierta nace cuando la persona realiza un encuentro apasionado con Cristo, a quien siente la necesidad de seguir y de anunciar, aunque Él ya esté en medio de nosotros, pero muchos no lo conocen todavía.
El testigo de Jesucristo ha de ser animado, siguiendo la oportuna orientación de san Pablo: “Hermanos, estén siempre alegres”.
La alegría ha de ser el distintivo del auténtico discípulo de Cristo, que manifiesta júbilo, aunque pase por inevitables y sorpresivas pruebas que la existencia nos brinda.
Este regocijo no es por no tener problemas, o por no sentir dolores y decepciones, sino por confiar en la suprema fuerza del Señor, que jamás abandona a sus amigos.
Además, la ciencia moderna nos garantiza que el optimismo y el buen humor son claves para tener salud, para resistir contra infecciones y tener un sistema inmunológico activo. Y, de esta forma, el testigo alegre de Jesús es más sano y sabe superar los conflictos con más naturalidad.
Sin embargo, para ser un cristiano alegre, además de manifestar coherencia de vida en todas las situaciones, también se debe orar sin cesar y se debe reconocer las muchas bendiciones que Él nos regala, así como a nuestros seres queridos.
Recordemos que “dar gracias a Dios” es un nombre de la Eucaristía, por ende, participemos de la Misa todos los domingos.
Justamente por lucir un aspecto festivo, este tercer domingo de Adviento es llamado “Gaudete”.
Paz y bien.