El informe participa de la idea que las personas y el planeta han entrado en una era geológica completamente nueva: el Antropoceno, que se caracteriza por ser un período en el que las alteraciones geológicas son provocadas por la actividad humana. El cambio climático es un ejemplo vívido de estas alteraciones, con el resquebrajamiento de las capas polares y el acelerado deterioro de la biodiversidad. Muchos inclusive ven un vínculo entre estos fenómenos y la pandemia del Covid-19.
Este nuevo Índice de Desarrollo Humano ajustado por la presión planetaria, el IDH-P, busca estimular respuestas y ofrecer un instrumento provisorio para medir y í responder a estas nuevas realidades. El mismo comprende dos indicadores per cápita: las emisiones de dióxido de carbono y el consumo de materiales (“material footprint”) compuesto por biomasa, combustibles fósiles, minerales metálicos y no metálicos, sumándose así a los cuatro anteriores índices: el Índice de Desarrollo Humano (IDH), el Índice de Desarrollo Humano por Género (IDH-G), el ÍDH ajustado por desigualdad (IDH-D) y el Índice de Desigualdad de Género (IDG).
La novedad que nos trae el nuevo índice es que, al integrarlo a las otras formas de medir el desarrollo humano, el ranking de los países cambia de manera importante. Este es el caso de Noruega que de tener el puesto 1 en el IDH pasa al 16 en el IDH-P; Australia, que del 8 en IDH baja al 80 en IDH-P y EE.UU., nación que del 17 desciende al 62. Por el contrario, los países de desarrollo alto o medio, especialmente, suben en el ranking por una presión planetaria menor que los de muy alto desarrollo humano. Dos ejemplos relevantes de América Latina son Panamá que del puesto 57 en IDH salta al 28 y Costa Rica del 62 al 25, respectivamente.
Paraguay y el Mercosur
En la región y en el Mercosur se tienen también subas en la posición. Chile, del puesto 43 en IDH sube al 29 en IDH-P mientras que Bolivia del 107 al 90, respectivamente. Paraguay también asciende 5 lugares, de 103 en IDH al 98 en IDH-P; Brasil del 84 al 74 y Argentina tiene el mayor avance, pues pasa del puesto 46 en IDH al 26 en IDH-P. La excepción se halla en Uruguay que del 55 baja al puesto 75 en IDH e IDH-P, respectivamente.
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Es así que el nuevo índice plantea el reto a los países de que si quieren mantener su posición en el ranking de desarrollo humano, deben ahora tomar en cuenta la acción humana nociva para el planeta. Como lo indica al director de la Oficina del Informe de Desarrollo Humano, Pedro Conceiçâo, el nuevo índice nos lleva a la próxima frontera del desarrollo humano, una en que en el que reconocemos que “el progreso humano sostenido por un crecimiento desigual y basado en el carbono es un ciclo completamente agotado.”
*Representante Residente del PNUD en Paraguay