¿Francisco o Celso?

Este artículo tiene 4 años de antigüedad

“Piki y 3er. tiempo” es el nombre del grupo de whatsapp donde Francisco retomaba la idea de reencontrarse con sus amigos, “Dale muchachos, este sábado nos vemos, ya estuvimos encerrados un año y no sirvió para nada. Encuentro ya nomás, desafío Piki en lo de siempre”.

Otro secundó la idea, “Tenés razón, ya ovalema con estos corruptos, ¿dónde están los 1.600 millones? Ni medicamentos no hay en los hospitales”.

Y así en medio de toda la situación sanitaria volvieron a verse ese día en la canchita del barrio, para quitarse las ganas de encima de tener una actividad en conjunto. Tanto estrés de todo este pasar lo merecía, ¿no?, pensaban ellos.

Al finalizar el encuentro y para dar cumplimiento al nombre del grupo, el tercer tiempo se hizo presente para complementar la tarde de sábado, así como tradicionalmente se hacía, antes de la pandemia.

Ante la euforia y la adrenalina del momento, karaoke en casa!, dijo uno y se sumaron en grupo para coronar lo que era la jornada perfecta.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

“Olvídala, mejor olvídala”, cantaban juntos mientras compartían unos vasos de cerveza en esa reunión que ya sobrepasaba la medianoche. Ya ninguno de ellos notaba ni se percataba del tiempo, de la restricción de circulación, nada de eso estaba presente. No hubo controles cercanos esa noche, no llegó ninguna patrullera, a pesar de los ruidos y de que algún que otro vecino no podía conciliar el sueño.

Martes tranquilo en el barrio. Don Celso, como cada día, se había levantado cuando aún era de noche para volver a llenar de provistas su despensa. Era un hombre mayor, pero se cuidaba y lo hacía con los suyos, más aún teniendo en cuenta la futura llegada de su primer nieto.

Francisco iba al trabajo y paró en la despensa a comprar una cajetilla de cigarrillos. “Che, Francisco, el sábado estuvieron con el piki en la canchita, cuídense na che ra’a”, reclamó don Celso. “Tranquilo na don Celso, un ratito nomás estuvimos, pero además somos jóvenes y nada nos va a pasar”.

Viernes. Francisco dio parte de enfermo en el trabajo, los síntomas eran más que una simple gripe, así que llamó al 154, pero lo marcaron recién en cuatro días y lo dejó sin efecto. “Ya me va a pasar”, se dijo así mismo.

Sábado. Don Celso no tuvo las fuerzas para ir al mercado esa madrugada, algo estaba mal y él lo sabía. Se comunicó al 154 y la cita era para el miércoles.

El cuadro fue muy invasivo para ambos, el virus había llegado y avanzaba velozmente. Unos días después, ambos se encontraron en los pasillos, con medicación y esperando una cama. Familiares de ambos corrían con recetas en mano, gastando lo poco que tenían.

Llegó el momento más crítico, Francisco y Celso formaban parte de la lista de pacientes que requerían de terapia intensiva.

La penosa noticia de otro fallecimiento llegaba al hospital al tiempo que se liberaba una cama de UTI. Había dos nombres en la lista. El médico miró las fichas, debía escoger a uno. “Traigamos al joven, tiene más posibilidad de pelear por su vida”, dijo quebrado el especialista.

Francisco había ingresado a terapia intensiva.

smoreno@abc.com.py