Elecciones que se van a dar en un contexto de amplia circulación del virus y del más alto promedio diario de fallecidos.
Es lógico predecir entonces que habrá menos participación que en elecciones anteriores, y es paradójico pensar que quienes se beneficiarán de esto son quienes precisamente desde sus paupérrimas gestiones, cargadas de sospechas y cuestionamientos, generan el desencanto ciudadano hacia la política.
Serán, es cierto, elecciones internas recién, ya que las municipales de octubre son las que definirán quiénes administrarán todos los municipios del país durante los próximos cuatro años.
Pero, de todos modos, las elecciones del próximo domingo son las que permitirán armar el menú que cada partido o movimiento ofrecerá a los electores en esas municipales.
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La novedad, el voto preferencial, voto que, conviene recordarlo, permite escoger a un candidato dentro de una lista determinada.
Es una herramienta que le da más poder al ciudadano sobre el candidato y le resta poder a los caciques partidarios, pero que no necesariamente se traduce en una mejor calidad de representación para el pueblo.
Y va un ejemplo, ayer uno de los impresentables candidatos a ser reelectos como concejales volvió a ser denunciado por entregar dinero y botellitas de caña a un grupo de personas, entre ellas niños y adolescentes, transformando la acción no solo en una bochornosa escena proselitista sino incurriendo en el delito de violación de los derechos de menores de edad.
Su accionar fue aberrante, pero el razonamiento que nos queda flotando es que si apela a este tipo de actos es porque definitivamente piensa que le dará resultados en un sector del electorado.
Y si un porcentaje significativo de este electorado lo apoya y no existe alguna condena que lo inhabilite, pues habrá que volver a tenerlo como concejal representante de ese sector de la sociedad.
Y así también podemos tener a otros que entregaron tazas con dinero o que apelaron a utilizar los glúteos femeninos, de algunas que se prestaron a ello durante esta campaña, para estampar su número de lista intentando obtener algo de promoción.
Es que fue una campaña hasta aquí hueca, en la que más se vieron fotos retocadas con sonrisas de photoshop, nombres y números de lista que ideas concretas o propuestas realizables para mejorar las ciudades.
Un minimalismo proselitista vacío, con una cáscara que solo se ocupó de dar publicidad a los datos básicos de los candidatos, con la intención de que el elector vaya recordándolos a la hora de encontrarse con las máquinas de votación.
En medio de todo ello, el próximo domingo los partidos y movimientos definirán a sus candidatos, que en el caso de la concejalía podrán volver a ser modificados en el orden dentro de la lista, a través del voto preferencial en octubre.
Una pregunta que quizás ayude a no escoger a tantos impresentables, entre tanta sonrisa retocada digitalmente y manifestaciones de repentina sensibilidad hacia la gente, es plantearse ¿de dónde viene y qué hizo anteriormente este candidato por los grupos sociales que le tocó integrar?
Es decir, explorar la historia personal de quien hoy pide un voto, más allá de que provenga o no del campo político, para saber qué hizo hasta el momento en los lugares que ocupó laboral y socialmente.
Pregunta interesante también para analizar los antecedentes de los denominados “outsiders” y de quienes provienen de la política tradicional.
Nada habla tanto de alguien como su propia historia personal. Más allá de las cosas que sea capaz de prometer para conquistar un voto.
La respuesta quizás ayude a no elegir a tantos impresentables y a evitar el encandilamiento con los fuegos artificiales de la pirotecnia proselitista.
guille@ac.com.py