El principio del fin

En mayo del 2022 se recordará el 30 aniversario del fatídico atentado que acabó con la vida del mítico juez Giovanni Falcone que se aseguró con la detonación de 500 kilos de trinitrotolueno (TNT). Excepcional magistrado que con gran coraje e integridad sacudió a toda Italia con su investigación contra la mafia italiana —la Cosa Nostra— y que ha dejado un legado de rectitud y coraje que todos quienes deseamos un mundo más justo deberíamos recordar como una ofrenda viva a la lucha contra la corrupción.

Esta semana en la que celebramos el día mundial de lucha contra la corrupción, un Tribunal de Sentencia integrado por tres valientes mujeres, ha condenado a Ramón González Daher –exdirigente deportivo y ligado a varios grupos de poder principalmente al de su finado hermano Óscar– a 15 años de pena privativa de libertad.

El Tribunal de Sentencia fue más allá, solicitando que el Ministerio Público continúe la investigación en una treintena de magistrados –fiscales y jueces– que participaron en lo que el mismo órgano judicial denominó “una asociación para amedrentar a los ciudadanos justiciables” y solicitaron en nombre del Poder Judicial las correspondientes disculpas a quienes fueron víctimas de esta vergonzosa asociación criminal para la extorsión y el despojo en nombre del Estado paraguayo.

Como son muchas las noticias que embotan nuestra mente para mirarlo con claridad, me pareció sumamente importante destacar este hecho y ponerlo sobre todas las demás noticias con urgente necesidad de reconocimiento a la tarea y al logro del Tribunal de Sentencia.

Durante décadas ha sido un secreto a voces cómo la gente ligada al entorno del hoy condenado ha operado dentro del sistema financiero, en paralelo a este o coligado con algunos operadores mientras un número de escribanos, fiscales, jueces y tribunales de alzada han dado vía libre a acciones amañadas a fin de proteger un gran negocio financiero que otorgó suficiente poder para operar en distintos ámbitos erosionando las instituciones públicas.

Como ser optimista por definición, quiero que esto sea el principio del fin o al menos “el fin del principio” (como diría Churchill luego de Dunkerke).

Pero para que esto ocurra debemos proteger a los fiscales y jueces valientes. Diferenciarlos de los venales y pusilánimes. Darles notoriedad pública y no tener vergüenza ni pudor de otorgarles la protección que merece todo buen funcionario: una reputación que premie su coraje.

El Poder Judicial se encuentra absolutamente tomado por una gran red de corrupción y tráfico de influencias. Obviamente que este fallo histórico no será por sí solo suficiente de revertir tantos años de oprobio, chantaje y desfachatez. Pero si no reconocemos la virtud en la decisión del tribunal, caemos en la mediocridad de no otorgar valor a quienes han hecho lo que muy pocos magistrados se han animado a realizar con anterioridad.

En más de 20 años de vida política pude ver fallos vergonzosos, chicanas abusivas y toleradas por jueces timoratos o venales, sentencias de Tribunales Superiores e incluso de Corte Suprema que fueron groseros blanqueos de las peores acciones de corrupción que hemos sufrido como sociedad.

Un gesto valiente, merece la fe. Merece el empuje y merece el reconocimiento. No dejemos que las mafias tomen la rienda de estas decisiones dejando solos a los magistrados que se han animado a enfrentarlas.

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