Juicio interminable y el ocaso por venir

El cartismo denuncia que el juicio político llevado a cabo contra la fiscala general del Estado Sandra Quiñonez tiene solo motivación electoral, pero no aciertan a rebatir las acusaciones de mal desempeño de funciones que se exponen en la Cámara de Diputados

Tomando como cierto lo dicho por los cartistas, el problema para ellos es que no han sabido utilizar el escenario a favor de sus intereses.

Más bien, al contrario. Los legisladores de ese grupo interno colorado se han visto expuestos a todo tipo de acusaciones y protagonizaron varios hechos bochornosos que sirvieron de combustible para burlas en las redes sociales.

Sin la aplanadora de votos, los diputados de Honor Colorado muestran la falta de argumentos discursivos o de razonamientos para debatir y rebatir las denuncias.

La afirmación de que el juicio es simplemente una cuestión electoral es una manera simplista y engañosa de eludir contestar los puntos del libelo acusatorio. Responder con agravios, insultos y descalificaciones es predicar para los conversos, reforzando a los que de por si son fieles. No contribuyen para sumar a nadie más.

El diputado Sebastian Villarejo (Patria Querida) les planteó a quienes se oponen al juicio político un silogismo irrebatible. Los cartistas afirman sin dudar que el juicio es “electoral” y que es contra el movimiento Honor Colorado. Pero el juicio busca la destitución de Sandra Quiñonez. Eso significa que admiten que Quiñonez es de Honor Colorado. En consecuencia, esta no debe seguir en el cargo.

El cartismo solo espera que la oposición y el oficialismo colorado no tengan los votos para aprobar el libelo acusatorio, reduciendo el problema a una cuestión de mayorías.

También deploran el “show”, el “circo” que, según ellos creen, arman sus adversarios políticos. Sin embargo, los principales actores de ese espectáculo que describen son ellos mismos con sus exabruptos.

¿A quien favorece la extensión indefinida de las sesiones del juicio político?

Los cartistas festejan porque la suspensión continuada demuestra, según ellos, que la oposición y el sector oficialista de la ANR no alcanzan la mayoría necesaria de votos.

Sin embargo, la continuidad de las sesiones sirve para que se renueven las denuncias con el consecuente desgaste de la figura de la fiscal Quiñonez, además de exponer la falta de recursos de los cartistas para defenderla.

Si finalmente se vota y hay mayoría para aprobar la acusación contra la fiscal general, sería un mazazo definitivo para el cartismo.

Si no se llega a los votos, el trabajo de desgaste estará igual consumado. A Sandra Quiñonez no le quedará más que seguir, intentar “hacer buena letra” con la Justicia de Estados Unidos que apunta contra su hasta ahora protegido Horacio Cartes, además de lidiar con la presión mediática y ciudadana que la acompañará hasta el final de su mandato (si es que llega).

Para Horacio Cartes, se vienen tiempos duros. Sin poder salir de esta isla rodeada de tierra, cargando con el desprestigio de haber sido designado “significativamente corrupto” por el Departamento de Estado de los EE.UU., con la incertidumbre sobre la aparición repentina de otra lista negra para alguien más de su equipo y preparándose lo mejor que pueda para el inevitable ocaso de su carrera política y empresarial.

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