Para la foto

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“El primero de marzo cayó, más su nombre en el bronce quedó”, así cantamos con energía los niños durante décadas, y antes de nosotros nuestros mayores. Era una manera de demostrar respeto no solamente al máximo héroe de nuestra historia, que fuera muerto en forma vil a orillas del Aquidabán por la soldadesca del imperio. También era una forma de respeto a la Patria misma.

Hoy, la fecha es conmemorada en forma de un feriado nacional, pero el sentido real de la misma como que se ha perdido. Nada más pregunte a 5 personas menores de 25 años quién fue el Mariscal López, o -si le queda alguna duda- que nombre un par de batallas de la Guerra Grande. Lo más probable es que escuche una risita nerviosa y un tímido “la verdad que no tengo idea” como respuesta.

También está quien manifiesta, sin dejar de tener bastante razón, que debemos dejar de exaltar los valores militares, asociados a tanta sangre y pérdidas humanas, y realzar a los héroes civiles. Esto es totalmente acertado, pero tampoco vemos que se lleve adelante desde la reforma educativa en forma sistemática.

El nombre del Mariscal López, sumado a tantos otros héroes, famosos unos y otros, muchos más, anónimos, pero no por ellos menos importantes, quedarán por siempre grabados en el bronce y en nuestras memorias, para continuar formando parte de nuestra historia gloriosa. Pero tan importante como honrar estas placas y su significancia es continuar con el legado que nos dejaron e intentar estar a la altura de sus ideales.

Desde que tenemos memoria, las autoridades nacionales se ufanan en descubrir placas inaugurando entre otros escuelas, puentes y edificios. Aquí hay una competencia enorme por figurar como responsables de la misma, siendo la acumulación de obras inauguradas el objetivo principal.

La letra de la ranchera “Sigo siendo el Rey”, cuya interpretación magistral por Vicente Fernández es la más famosa, reza en uno de sus párrafos “no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar”. Este estribillo, que todos sin excepción habremos coreado docenas de veces, encierra una enseñanza demasiado sencilla, pero a la vez compleja de llevar a cabo: habiendo llegado a la meta, tenemos que sostener lo que implicó hacerlo.

Todos quieren que su nombre figure en el bronce, y todos quieren salir en la foto oficial, pero muy pocos se preocupan por controlar que la tarea no solo esté hecha como corresponde, sino que se sostenga en el tiempo. Así, el edificio inaugurado con pompas tiene problemas de provisión de agua corriente, la escuela donde se llevó a cabo el acto pronunciando grandes discursos no cuenta con suministro eléctrico y el hospital carece de los elementos necesarios para cumplir con su fin que es el de salvar vidas. Pero todos salieron sonrientes en la foto.

Los ciudadanos celebramos, disfrutamos y hacemos nuestras las obras de gobierno. Sin ninguna duda, viajar a Ciudad del Este y llegar en pocas horas por esa ruta magnífica es un placer, misma cosa el viaje a Pilar. El puente atirantado nos enorgullece y queremos más escuelas y almuerzos escolares, apoyando la educación y nutrición infantiles, además del apoyo que esto último supone a las Mipymes que proveerán de insumos alimenticios en un porcentaje que gradualmente se irá aumentando.

Pero no debería ocurrir que, apenas inauguradas las obras ya surjan problemas relacionadas a su mantenimiento y puesta en función, y que denuncias anteriores sobre malversaciones relacionadas a las licitaciones terminen siendo una triste realidad. El rédito político de llevar adelante obras de infraestructura, que mueven la economía de manera gigantesca, es totalmente válido, pero ya es hora de que la administración pública sea manejada más con la eficacia y criterio que lo hace el sector privado y se dejan de manotear fondos destinados a objetivos tan importantes.

Del mismo modo en que honramos a los prohombres de la patria, conmemorando gestas heroicas nada menos que declarando feriado nacional un día laboral, honremos a la paz con obras transparentes y hechos positivos. No nos encontramos en un acto social donde estamos obligados a “salir” elegantes al lado de los novios para no deslucir la foto. Aquí se trata literalmente de poner la cara en actos oficiales donde se presenta a los contribuyentes paraguayos obras efectuadas con el pago de impuestos. Qué importante que las autoridades dejen de posar y estén en cambio a la altura ante semejante compromiso.