Reinserción fallida

Hace algunas semanas, la comunidad de la ciudad de Pedro Juan Caballero fue escenario de un episodio bochornoso que fue noticia a nivel nacional; la desaparición de 5 pistolas de la armería de la Penitenciaría Regional, aparentemente producto de hurto.

El hecho dio lugar a varias intervenciones policiales, fiscales y administrativas ya sea para investigar las circunstancias del caso y deslindar responsabilidades como para transmitir el siempre falso mensaje de cambio de manejo con las mismas movidas de piezas que jamás sirvieron para algo en el sistema penitenciario.

El caso evidenció falencias, dejó interrogantes y un panorama todavía incierto en cuanto al desenlace ya que hasta ahora nadie supo decir dónde están las armas desaparecidas.

En medio de la penosa escena proyectada, fueron realizadas requisas que no sirvieron para absolutamente nada en materia investigativa; solo para extraer del interior del penal de esta ciudad, una gran cantidad de elementos que son de uso prohibido en cualquier centro de reclusión.

Lo preocupante del caso es que desde el Ministerio de Justicia, solo se animaron a hacer las mismas movidas que históricamente han sido un fracaso; sacaron de escena al director natural bajo la figura de la intervención y pusieron en su lugar a un personaje que ya fue investigado por corrupción dentro del mismo sistema y posteriormente blanqueado.

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Dada esta combinación de corrupción, complicidad e impunidad, una vez más, se evidencia que la reinserción social que se constituye en una de las finalidades de una pena carcelaria, es una misión imposible, una utopía; unos internos privilegiados que siguen ocupando campantemente las denominadas celdas vip aparentemente a cambio de altas sumas de dinero entregadas a los responsables del sistema, el microtráfico es parte de la cotidianeidad, entre otros males. Con esto, fácilmente podemos hablar de una reinserción fallida.

Son alrededor de 1.500 internos en la Penitenciaría Regional de Pedro Juan Caballero, cuya capacidad es apenas para 1.000, lo que refleja un hacinamiento. Solo una pequeña cantidad se dedica a trabajar y estudiar regularmente para beneficiarse con una segunda oportunidad en el futuro; los demás tienden a terminar su ciclo en el penal con el título de profesionales de la delincuencia después de haber pasado por una verdadera universidad del crimen que es en lo que se ha convertido el sistema penitenciario, y la cárcel de esta capital departamental no es la excepción.

eder.rivas@abc.com.py