Ese día los miembros de las diferentes agrupaciones políticas elegirán a sus candidatos, quienes luego buscarán ser electos como intendentes y concejales en las municipales del 4 de octubre.
Tanto opositores, incluyendo a colorados disidentes en este abanico, como oficialistas, son conscientes de que ganar las elecciones municipales en los principales distritos del país, representará un espaldarazo a sus proyectos políticos pensando en el 2028.
Y es en la “Madre de Ciudades” donde se va a librar la madre de las batallas.
La oferta electoral aparece un poco más clara luego de la encuesta con la que los principales grupos de oposición decidieron la designación de la exministra y excandidata a la vicepresidencia Soledad Núñez.
La alianza opositora Unidos por Asunción lo resolvió de esta manera para ganar tiempo, inscribirla ya como única precandidata y ganar poco más de tres meses para hacer exclusivamente campaña ya sobre la figura de Núñez.
Los colorados lo resolverán en junio, y aunque por el momento se presenta como una contienda entre tres candidatos principales, la sensación que tenemos es que todo se polarizará y solo serán dos al final del camino antes de ese domingo 7.
Si el desafío para Soledad Núñez será generar entusiasmo y movilizar a aquellos que no la apoyaban antes de la encuesta, el desafío para los colorados será llegar sin divisiones ni traiciones que generen grietas por las que se fuguen votos que en teoría aparecen como seguros.
Solo basta recordar que en las últimas elecciones municipales en Asunción, la lista de concejales colorados tuvo casi 4 mil votos más que su candidato a la intendencia.
En esa elección de 2021, el candidato colorado Óscar “Nenecho” Rodríguez obtuvo un poco más de 122 mil votos, frente a los más de 108 mil del actual senador Eduardo Nakayama.
Una tercera candidatura, la de la actual diputada y protagonista de las encuestas del fin de semana pasado, Johanna Ortega, conseguía más de 12 mil votos, mientras más de 8 mil 500 personas decidían votar en blanco.
Soledad Núñez, Arnaldo Samaniego, Camilo Pérez, Daniel Centurión. Todo indica que uno de ellos será quien deba administrar la tan entrañable como golpeada capital del país desde fines de este año y durante el próximo quinquenio.
Y cualquiera que aspire a administrar Asunción es consciente de que tendrá que enfrentarse a un municipio financieramente asfixiado y con la obligación de comenzar pagando más de 9 mil salarios que aún figuran en las planillas administrativas.
¿Cómo administrar entonces una ciudad cuyo endeudamiento crece aceleradamente así como su planilla de salarios?
Tras su designación como candidata, Soledad Núñez nos decía en la 730AM el lunes pasado que de acuerdo a su actuales condiciones operativas y de servicios el municipio debería contar con un máximo de entre 5 mil y 6 mil funcionarios.
Para recortar esos, como mínimo, más de 3 mil salarios, dijo que destituirá planilleros, estimulará la jubilación de unos mil quinientos funcionarios y apelará a otras medidas de desvinculación que están previstas en la ley de la función pública.
Pero para tocar ese nido de kavichu’i hará falta algo más que decisión: una junta municipal que al menos mayoritariamente no conspire ni trabe decisiones.
Por eso es clave la conformación de la futura Junta Municipal.
Los colorados acopiarán votos para una sola lista, la oposición, que parece haber aprendido la dinámica del voto preferencial, presentará dos listas principales: la que surja de las internas del PLRA y la que surja del acuerdo e internas del denominado tercer espacio.
La Junta Municipal es clave. Allí habitan varios señores feudales de las planillas municipales, para quienes siempre fue un negocio ser funcionales al poder de turno.
A esos habría que botarlos en octubre.
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