Rechacen el acuerdo

El Congreso uruguayo ratificó el acuerdo Mercosur/dictadura europea pasando por alto los argumentos que expuso la central sindical “Plenario Intersindical de Trabajadores - Convención Nacional de Trabajadores” sobre la falta de evaluaciones sobre sus efectos en el empleo y en la estructura productiva, limitando la capacidad de Uruguay para definir sus propias políticas industriales.

El Frente Amplio objetó las cláusulas de compras públicas que afectan la capacidad del Estado para favorecer a proveedores nacionales y el rol de las empresas públicas en el mercado y a la agricultura familiar y su escaso impacto en el crecimiento del PIB uruguayo.

El Congreso argentino también ratificó el acuerdo desoyendo los reclamos de los gremios industriales sobre la deslealtad de la competencia subsidiada por la dictadura europea, consolidando a Argentina únicamente como exportadora de materias primas, generando una pérdida de puestos de trabajo industriales. Legisladores de “Unión por la Patria” (peronismo) señalaron que el acuerdo limita la capacidad del Estado para beneficiar a proveedores locales.

La Cámara de Diputados del Congreso brasileño también dio media sanción a la ratificación a pesar de que la “Bancada Ruralista” cuestionó las exigencias ambientales europeas, “medidas proteccionistas disfrazadas que imponen barreras a la producción brasileña” y que el cumplimiento de las normas de la dictadura europea aumentará excesivamente los costos de producción locales.

Nuestro canciller, Rubén Ramírez, participó estos días de videoconferencias con la dictadura europea sobre “la defensa de la producción sostenible del Chaco”, en el marco de las discusiones sobre la ratificación del acuerdo, en las que el Comité Económico y Social Europeo dispuso que “el bioma del Chaco” fuera elemento de la discusión.

Queda claro que las señales de peligro de este acuerdo están a la vista y están siendo claramente expuestas en nuestros países y que la dictadura europea no hace ya esfuerzo alguno por disimular sus intenciones, brevemente postergadas por cuestiones internas de ella, de reducir no solamente nuestra competitividad sino, principalmente, nuestra capacidad de tomar decisiones soberanas y autónomas sobre nuestro propio desarrollo.

La dictadura europea ha demostrado ya suficientemente que no tiene intención alguna de enmendar sus planes coloniales y que usa a las organizaciones no gubernamentales que financia abiertamente, para “participar” en nuestros procesos de toma de decisiones torciendo votos de políticos ávidos. Tampoco disimula ya que es una dictadura resuelta a abolir la libertad de expresión en el mundo entero.

No me hago ninguna ilusión acerca de que en nuestro Congreso prime la defensa del interés nacional, menos ahora que muchos tienen la excusa de que los congresos de Uruguay y Argentina ya ratificaron el acuerdo y el brasileño se encamina hacia hacer lo mismo.

Pero al menos no cargaré sobre mi el peso de no haber hecho lo que está a mi alcance para impedir la ratificación paraguaya de este acuerdo nefasto que nos someterá, de nuevo, a la tutela europea.

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