Lenin, el padre del socialismo totalitario, creó el departamento de Agitación y Propaganda (AgitProp) del futuro partido Comunista de la Unión Soviética en 1918 en el marco de la guerra civil rusa que le llevó al poder y Joseph Goebbels enunció la misma línea en su discurso “La propaganda como música de fondo de la política gubernamental” ante el congreso del partido Nacional Socialista Obrero Alemán en Nuremberg del 5 al 10 de setiembre de 1934.
Cuenta Wikipedia que el 3 de enero de 1939, Ramón Serrano Suñer, por indicación de Francisco Franco Bahamonde “caudillo de España por la gracia de Dios”, creó la agencia EFE con la “misión de servir como herramienta de propaganda y control informativo durante la Guerra Civil, centralizando la información y proyectando la ideología del nuevo Estado”. En 1954 fue declarada empresa de interés nacional, consolidando su papel oficial.
Herman y Chomsky, en realidad, no hicieron más que constatar una realidad conocida y aplicada desde mucho tiempo antes, y sintetizarla para el entendimiento general, de modo que hoy nadie mínimamente serio podría negar la intención de gobiernos y políticos de controlar, como los católicos, como los comunistas y como los nazis, la percepción de la opinión pública sobre las cosas.
No es casualidad, pues, que el actual presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, del partido Socialista Obrero Español, propusiera, el 6 de diciembre de 2023, a Miguel Ángel Oliver, quien había sido candidato de los socialistas a la Asamblea de Madrid en 1919 y Secretario de Estado de Comunicación del gobierno de Sánchez hasta 2021, como presidente y director de la agencia EFE, cargo que ocupa hasta la fecha.
Ni es casualidad, evidentemente, que la agencia EFE califique, por ejemplo, de “ultraderechistas” (esto pretende satanizar a los aludidos como cercanos a Adolfo Hitler) a todas las figuras políticas del mundo que contesten la visión de Pedro Sánchez, como por ejemplo al presidente electo de Chile, José Antonio Kast, o al partido “Alternativa por Alemania” de Alemania, aunque ambos son, en realidad, liberales.
Ni que se presente negativamente todo lo que hace o dice el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al que Sánchez le tiene declarada antipatía.
Por supuesto que Herman y Chomsky tienen razón. El problema está en tratar de negarlo.
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