Van quedando cada vez más lejos los tiempos en que subíamos al techo mientras alguien desde abajo nos gritaba cuando la señal de la televisión se veía un poco mejor, con menos “lluvia”. Lejos también estábamos de elegir los programas y canales, en los años ochenta había 2 canales nacionales, uno de Formosa (que a veces podíamos ver dependiendo del tiempo) o salir a jugar. Los canales distribuían su tiempo en franjas que incluían programas infantiles, para toda la familia o para adultos. El hecho de tener que esperar para ver nuestros dibujitos capaz hayan influido en templar la paciencia de generaciones que aguantábamos decenas de cortes comerciales, y así eran los tiempos, parecía que todo transcurría con más tranquilidad.
Sin embargo, sí había un momento para el apuro. Al salir de la escuela, los que debíamos volver caminando lo hacíamos corriendo, no nos queríamos perder los primeros minutos de nuestros programas preferidos debido a que, evidentemente, no existía la posibilidad de retrocederlos. A veces, los canales de la época “se apiadaban” de los televidentes y decidían repetir los capítulos finales, con mucha publicidad de por medio.
Los Pitufos, Alf, He Man, G.I. Joe, Thundercats, Transformers y tantos otros eran parte de nuestras tardes junto a la merienda chocolatada. Previamente, las novelas de la siesta que no pienso nombrar para no delatarme como novelero. Por la noche, después del noticiero, se transmitían series como Misión del Deber, Viernes 13, Visitors, MacGyver, Miami Vice, A Team, Aquellos años maravillosos -relatando la vida de Kevin Arnold- y tantas otras. Los sábados y domingos por la noche le tocaba el turno a las películas más taquilleras, que años atrás habían dejado la cartelera del cine, así vimos Superman con Christopher Reeve y al siempre temido Tiburón de Steven Spielberg.
El paso de los años y el avance de la tecnología dio lugar al nacimiento y la expansión de la televisión satelital. Con este paso se logró una excelente definición de la imagen, un sonido que nos permite incluso elegir idiomas, subtitulados, y otras ventajas como pausar los programas o repetirlos. Todo ello también logró que cambie la manera de consumir el audiovisual, ahora se salta la introducción de la serie o se adelanta el ritmo cuando aburren los diálogos y, a veces, evitamos la publicidad.
Lo contradictorio es que todas esas ventajas nos permiten ganar tiempo, pero cada día que pasa se vive de manera más acelerada. Estamos tan lejos de esos momentos en que se disfrutaba aguardando con expectativa la hora del inicio de un nuevo capítulo y se saboreaba cada minuto, debido a que sabíamos que no se repetiría.
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