Esto estaba tan establecido en la vida romana que las mayores construcciones civiles en todo el Imperio, después de las termas, eran los hipódromos, por ejemplo el Circo Máximo en Roma y el Hipódromo en Constantinopla (Estambul), por cuyos enormes espacios es posible caminar aún hoy en ambas ciudades.
Tan establecido estaba que si alguien hubiera dicho, por fijar una fecha cualquiera, en diciembre de 531 después de Cristo, que ese deporte desaparecería por completo, le hubieran tratado de loco.
Y, sin embargo, desapareció: Primero, los rojos se fusionaron con los verdes y los blancos con los azules y segundo, para enero de 532, ambos clubes habían adquirido tanto poder político, proceso parecido en todo al que ahora protagoniza la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), que protagonizaron un violentísimo intento de imponer políticas públicas (“la rebelión de Nika”) que debió ser aplastado a sangre y fuego por el gobierno (el emperador Justiniano), que “nacionalizó” las competencias, que languidecieron en lo sucesivo hasta desaparecer por falta de entusiasmo popular y de financiamiento.
La FIFA está embarcada en un proceso histórico similar. Pretende imponer políticas públicas y condiciona el espectáculo del fútbol a la sumisión de gobiernos y espectadores, y trabajadores de prensa, a dictados ridículos como la totalitaria “ley Vinicius” o sus “estándares de conducta” en su fascista empeño por imponer la agenda del globalismo.
Nada de eso tiene nada que ver con el fútbol que, como las carreras romanas, es un deporte maravilloso que debería, como no se hizo en el Imperio hasta que fue demasiado tarde, ser protegido de las ambiciones políticas de sus dirigentes.
Luego, desde una perspectiva histórica, la FIFA debe cambiar o será cambiada ya por la fuerza, como hizo Justiniano, o ya por el abandono, cosa que ya empezó a verse con los, de momento fallidos, esfuerzos del Real Madrid de España y otros clubes de la Unión Europea de Fútbol Asociado (UEFA) por crear competencias paralelas.
La injusticia no es sostenible en el tiempo pero, aunque los procesos rectificadores pueden tardar y habitualmente tardan, la justicia siempre llega.
La FIFA, y sus organizaciones locales como Confederación Meridional de Fútbol (CONMEBOL) o la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF) deberían abandonar su complicidad con el Foro Económico Mundial y volver a sus raices: El fútbol y sólo el fútbol, sin agendas políticas y con agenda deportiva unicamente.
Si no lo hacen, la Historia nos enseña su amargo destino.
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