El origen técnico del problema es concreto, las estaciones de bombeo de la red cloacal sufren averías constantes, y ante cada falla, un sistema de bypass vierte las aguas negras directamente a los arroyos. No es un accidente aislado; es un mecanismo de contingencia que se activa con una frecuencia que ya no admite el calificativo de “excepcional”.
La Municipalidad de Encarnación, con el patrocinio de integrantes de la Coordinadora de Defensa del Poti’y —una organización civil ambiental—, presentó un amparo judicial contra la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) y la Empresa de Servicios Sanitarios del Paraguay (Essap). La EBY es responsable del mantenimiento del sistema de bombeo; a la Essap, en tanto, se le reclama que cobra por el servicio de alcantarillado cloacal sin invertir en su mantenimiento. Es, en sí misma, una postal del problema paraguayo de instituciones que cobran, pero no responden.
Sin embargo, reducir la crisis a estas dos entidades sería injusto con la magnitud del abandono. El vertido cloacal es lo más grave, pero no lo único. La inacción del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades) y de las municipalidades de Encarnación y Cambyretá también permite que otros contaminantes lleguen a los arroyos sin control.
El riesgo ya no es abstracto. Si no se toman medidas urgentes, las propias playas de la ciudad —su principal atractivo turístico y recreativo— podrían terminar con aguas contaminadas. Especialistas en recursos hídricos advierten que los cauces subembalsados de Encarnación son particularmente vulnerables. Esto debido a que la baja velocidad de escurrimiento reduce drásticamente su capacidad de autodepuración. A esto se suman varias obras de mitigación, previstas antes de la elevación de la cota del embalse, pero que nunca se ejecutaron.
Es probable que la reparación del sistema cloacal, sumada al fenómeno climático de El Niño, traiga cierta mejoría en la calidad del agua en el corto plazo. Cualquier vertido irregular puede volver a desequilibrar el ambiente. Encarnación se proyecta como ciudad turística, con un fuerte enfoque en el uso recreativo de sus aguas. La solución técnica existe y es conocida. Será necesaria una coordinación real entre EBY, Essap, Mades y los municipios, con plazos, presupuesto y responsables definidos. Lo que falta no es diagnóstico —de eso ya sobra—, sino la voluntad política de dejar de tratar el agua de Encarnación como un problema de otro.
Sergio.gonzalez@abc.com.py