Desidia que ahoga

La desidia gubernamental en Ayolas cobra costos que ningún presupuesto logra medir: se llevan bienes, historia y tranquilidad de toda una comunidad. La indiferencia acumulada ya borró para siempre un símbolo de su identidad: el antiguo muelle del barrio San José Mi, testigo de décadas de vida ribereña, desaparecido por la misma negligencia que hoy mantiene calles destrozadas, instalaciones deportivas inutilizables y espacios culturales olvidados. Ningún sector de la vida local escapa a la falta de previsión y de voluntad política.

Las inundaciones no son un imprevisto: son un ciclo conocido, ignorado año tras año. El río Paraná tiene dos crecidas anuales naturales, una en noviembre, coincidiendo con la veda pesquera, y otra entre abril y mayo, que las autoridades conocen de sobra. No son sorpresas, son hechos que exigen planificación permanente, pero que solo aparecen en la agenda pública cuando el agua ya está en las puertas de las casas.

Cuando se suma la fuerza de fenómenos como El Niño, que se repite cada decenio y multiplica el caudal, la negligencia se vuelve peligro mortal. Hace 16 años, en 2010, durante el gobierno de Fernando Lugo, el exdirector de la EBY Fulgencio Rodríguez ya presentó un proyecto completo de defensa costera y costanera por 37 millones de dólares, avalado por la municipalidad de entonces y respaldado por leyes que autorizaban incluso las expropiaciones necesarias. Todo estaba listo: solo faltó ejecutarlo. Desde entonces, el agua volvió una y otra vez, llevándose consigo oportunidades y vidas.

Las promesas se repiten como las crecidas. El expresidente Mario Abdo Benítez primero, y luego Santiago Peña, en su visita de principios de 2023, comprometieron la anhelada obra de protección. Hoy el costo calculado asciende a 127 millones de dólares, casi cuatro veces más que la propuesta original, inflado por la demora y la falta de decisión, y la excusa sigue siendo la misma: “no hay recursos”.

Mientras tanto, Ayolas sigue desprotegida, esperando que la próxima riada sea la que termine de arrasar lo que aún queda en pie.

Hoy, con El Niño a las puertas, la angustia de las familias es total: saben que no es solo el agua lo que les amenaza, sino la indiferencia de quienes debieron actuar hace años. Las promesas vacías ya no sirven de nada cuando está en juego el techo de miles de hogares y el futuro de sus bienes.

No se trata de un problema sin solución, sino de una decisión que nunca se toma. Mientras continúen postergando las soluciones, las autoridades seguirán siendo responsables de que Ayolas permanezca indefensa frente a un problema cuya solución existe desde hace años.

miguel.rodriguez@abc.com.py