Salvar “El Molino”

En los últimos días salió a la luz una situación preocupante para el ámbito cultural de San Ignacio, Misiones: el Centro Cultural y Teatro “El Molino”, espacio estrechamente vinculado durante décadas al trabajo del extinto artista plástico Delfín Roque Ruiz Pérez, más conocido como Koki Ruiz, porque no pertenecería a su familia.

Más allá de la cuestión jurídica sobre la propiedad del inmueble, existe una realidad que no debería ser ignorada: “El Molino” forma parte de la historia cultural de San Ignacio y del Paraguay.

Durante casi tres décadas, en este lugar se crearon, armaron y prepararon numerosas obras destinadas a las actividades de Semana Santa de Tañarandy. Allí tomaron forma los cuadros vivientes, los retablos y otros elementos que convirtieron a esta celebración en una de las expresiones culturales y religiosas más reconocidas del país.

La importancia de “El Molino” trasciende incluso a Tañarandy. En este espacio también se creó el retablo del Altar de los Frutos de la Tierra, utilizado durante la celebración eucarística que el papa Francisco presidió el 12 de julio de 2015 en Ñu Guasu, durante su visita al Paraguay.

También allí fueron recibidos más de 70.000 rosarios enviados por fieles de distintos lugares para dar forma al gigantesco retablo dedicado a María Felicia de Jesús Sacramentado, conocida como Chiquitunga, con motivo de su beatificación.

Por todo esto, “El Molino” no puede ser visto simplemente como un inmueble más. Es un espacio que guarda parte de la memoria artística, religiosa y cultural del Paraguay. Las autoridades correspondientes, especialmente la Secretaría Nacional de Cultura y los representantes legislativos, deberían aunar esfuerzos y analizar seriamente todas las alternativas legales para proteger este lugar y garantizar su preservación como patrimonio cultural.

Salvar “El Molino” no debería significar solamente conservar sus paredes. ¿Por qué no convertirlo en un verdadero centro cultural dedicado al legado de Koki Ruiz? ¿Por qué no denominarlo “Centro Cultural Koki Ruiz” y recuperar allí el espíritu de trabajo que caracterizó al artista?

Un taller de arte abierto a jóvenes, estudiantes y artistas; un espacio para exposiciones; un lugar donde puedan conservarse y exhibir las obras creadas por Koki y donde las nuevas generaciones puedan conocer su legado.

Perder “El Molino” sería perder mucho más que un edificio. Sería dejar que una parte de nuestra memoria cultural quede dispersa, guardada o, peor aún, olvidada. Todavía estamos a tiempo. Salvar “El Molino” debe ser una causa de todos los paraguayos en gratitud a Koki Ruiz.

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