El desafío económico del Acuerdo UE-Mercosur

La dimensión comercial acuerda a Paraguay ventajas exclusivas, considerando su condición de país sin litoral marítimo, tales como el acceso preferencial de sus productos sin aranceles, o cuotas específicas menores que a los demás miembros de Mercosur, para facilitar la inserción de nuestros productos a la Unión Europea (UE), impulsándose con ello la diversificación exportadora y la atracción de inversiones extranjeras, mediante el comercio, la agricultura, la ganadería y la industrialización con mayor valor agregado.

El acuerdo establece reglas claras y previsibles reduciendo la incertidumbre, lo cual permite la estabilidad en los costos de producción. Las pequeñas y medianas empresas obtendrán mejores condiciones que antes, para aumentar y diversificar su producción, volviendo más atractivas las inversiones de capitales extranjeros de los mismos países miembros de Mercosur, y de otras regiones.

Además, está en desarrollo un paquete financiero de cooperación de la UE a Mercosur, de hasta 1.800 millones de euros para implementar el acuerdo, fortalecer las comunidades locales, la agricultura familiar y a los sectores productivos potencialmente marginados, donde Paraguay puede obtener ventajas estratégicas por su situación geográfica. Además, Paraguay está exento de cumplir ciertas cláusulas de salvaguarda y goza de plazos adicionales para la exportación de servicios, considerando la Ley de Maquila y el Régimen de Ensamblaje. Para lograr más alta competitividad industrial en la región, se establecieron reglas más flexibles para importar de la Unión Europea insumos no originarios de Mercosur, para sectores como el de autopartes.

Este trato privilegiado a nuestro país implica y conlleva un desafío que debemos aprovechar con inteligencia, prontitud y patriotismo, eliminando las bases que sostienen a los grupos y sectores políticos y financieros que se han ido consolidando vertiginosamente sobre el esquema de economía cerrada, políticamente protegida por los detentadores del poder, con sólidas ramificaciones delincuenciales con el lavado de dinero y el narcotráfico, conformándose poderes fácticos en todos los sectores de la sociedad, que digitan el nombramiento de quienes detentan altos y medianos cargos estratégicos, en áreas y niveles del régimen político imperante en el Estado, los departamentos y las municipalidades.

La nueva realidad gestada en el acuerdo internacional ya vigente desde el 1 de mayo pasado impone a los miembros de Mercosur –y en particular a Paraguay– avanzar hacia sistemas productivos y comerciales complementarios mediante fusiones, joint venture o alianzas estratégicas de las empresas, con el propósito de facilitar un aprovechamiento óptimo de los recursos productivos e institucionales de la región, sustituyendo la “integración de demanda” basada en la sustitución de importaciones, por el de “sustitución de oferta” que permita favorecer y fortalecer la capacidad exportadora de Paraguay y demás socios; esto también permitirá lograr mejores niveles de eficiencia en la sustitución de importaciones del mercado extraregional.

Los empresarios locales deben liderar el nuevo paradigma que se impone sustentar y sostener con inteligencia, honestidad y sentido de solidaridad; ya no es conveniente ni beneficioso competir a mansalva como unidades aisladas y contrapuestas en permanente guerra interna y externa, pues trabajando en redes se produce más cantidad y con menos costo, porque entonces no existen empresas satélites, debido a que cada una –grande o pequeña– está en el centro y es interdependiente con las demás para subsistir y progresar conjuntamente. La IA dice que la producción de contenidos y la gestión de redes sociales en las mipymes de Paraguay, se han convertido en pilares fundamentales para conectar con los consumidores; si eso es cierto en el crecimiento de las mipymes, solo resta que las demás empresas transiten el mismo camino para subsistir y desarrollarse.

Reconocer al crecimiento económico como condición necesaria para la equidad social es asumir al mercado como el mejor distribuidor de recursos, sin importarle los intermediarios; por eso la economía capitalista liberal es profundamente cuestionada, por su carácter cada vez más especulativo, menos productivo y más concentrador o acumulador de riqueza en pocas manos, pero a su vez, en el otro extremo, el capitalismo estatal comunista rechaza la democracia pluralista y engorda exclusivamente a los jerarcas del gobierno totalitario.

Frente al modelo neoliberal vigente, se debe ir modelando una economía social de mercado solidaria, con capacidad de lograr sus objetivos, responder a las necesidades de la población y a las exigencias de desarrollo de comunidades insertadas en el convenio globalizado, ahora incentivado con el Acuerdo UE-Mercosur, afrontando los riesgos y beneficios de la competencia regional mediante cooperaciones productivas, adecuadas y oportunas, que tengan contenido social, pues el fin de la economía es la satisfacción de las necesidades humanas de un país o región y no para beneficio exclusivo de las minorías privilegiadas por el poder político; se necesita una economía que sea competitiva, pero no amañada en monopolios y oligopolios; con intervención estatal para garantizar el bien común y el desarrollo integral, mediante la regla “tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario según la justicia social”; y con participación organizada de la sociedad civil mediante organizaciones de consumidores, cooperativas, sindicatos de trabajadores, etc.

El acuerdo impone reemplazar el superado dinamismo de los recursos naturales abundantes, especialmente el comercio de la madera, como base de la inserción económica en el siglo pasado, por otras ventajas adquisitivas mediante la aplicación de moderna tecnología y la IA, con la urgente calificación educativa y científica del sector profesional y operativo de la población.

Para solucionar el problema de los campesinos sin tierra y desempleados, el Estado debe promover –con participación de las organizaciones campesinas– la colonización para proyectos específicos de agroindustrialización, poniendo énfasis en productos no tradicionales de uso intensivo de mano de obra en todas las etapas del proceso productivo, transfiriendo a los comités y cooperativas recursos financieros disponibles, con permanente control técnico y financiero estatal.

El desarrollo rural tampoco es factible sin un moderno y justo sistema impositivo, como herramienta de erradicación de los latifundios y minifundios improductivos, combatiendo la tenencia de la tierra con fines puramente especulativos. En consecuencia, también las organizaciones campesinas y los aborígenes de nuestro país deben actualizar su estructura y su estrategia de lucha, para aprovechar las ventajas que el acuerdo UE-Mercosur reconoce a Paraguay.

Si el Gobierno, los empresarios y los productores siguen durmiendo la siesta de verano, que nos ha caracterizado hasta el siglo pasado, serán nuevamente capitalistas de otros miembros del Mercosur o de la misma Unión Europea los que vendrán a instalarse aquí para obtener los beneficios y privilegios que el acuerdo reconoce a Paraguay; y así como ocurre con la electricidad en Itaipú y Yacyretá desde el siglo pasado, serán los gobernantes colorados y sus secuaces asociados los únicos afortunados y favorecidos con el acuerdo UE-Mercosur.

*Autor del libro: “Integración. Mercosur también existe”.

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