Ventanas rotas

En el año 1982, el politólogo James Q. Wilson y el criminólogo George Kelling publicaron en la revista The Atlantic una hipótesis que ayudaría a entender el deterioro social, que es la “teoría de las ventanas rotas”.

Esta premisa consiste sencillamente en que, si a un edificio se le rompe un vidrio y nadie se encarga de repararlo, muy pronto el resto de las ventanas terminará destrozado. Sostienen que el abandono envía una señal de que ahí a nadie le importa nada. Ese mismo abandono tiene hoy a la salud pública, que está en terapia intensiva, desde hace años.

La reciente y masiva manifestación de médicos, que durante cinco días consecutivos marcharon por las calles del país, fue un grito de auxilio de quienes trabajan todos los días en un sistema sanitario que se cae a pedazos.

Estos profesionales exigieron mejora salarial justa y el fin de la precariedad en los hospitales públicos. Afortunadamente parte de la ciudadanía reaccionó con empatía la protesta de los médicos. Finalmente, el paraguayo conoce de memoria el calvario de ir a un hospital público y que no haya ni una jeringa, y que, para conseguir un estudio complejo o una cirugía, hay que recurrir a la solidaridad de polladas, tallarinadas o las rifas.

Las autoridades prefirieron ignorar las fisuras de la ventana rota del sistema sanitario. Hace rato que se denuncian problemas con algún artefacto o que las salas se inundan en los días de lluvia. Entonces, es notable que la inacción estatal se normalizó, tal punto que todo recae en la suerte del médico, y la familia del paciente que tiene que conseguir de cualquier forma algún insumo.

Mientras en el Congreso se aprueban a toda velocidad ampliaciones presupuestarias, los médicos tienen que salir a mendigar insumos y un salario digno. Despúes el gobierno quiere vender que “el país no puede estar mejor”, que hay “grado de inversión”, pero en la calle la realidad es otra.

Y la analogía de las ventanas rotas tiene sentido cuando los médicos anuncian su renuncia masiva. Al marcharse, los hospitales quedan desprotegidos con las “ventanas rotas”. Así, cualquiera puede entrar por esa ventana, desde la negligencia y un personal médico improvisado con la bandera colorada, hasta un negocio lucrativo de la salud a costa de la necesidad de los más pobres.

Si el Gobierno no repara con urgencia las ventanas rotas del sistema sanitario, el costo final va a ser inmensurable, porque proteger la vida humana debe ser lo primordial.

jose.peralta@abc.com.py