El poder y la lapicera no son eternos

No estoy seguro de que su excelencia don Santiago Peña se haya emancipado del despotismo asfixiante de don Horacio Cartes para gobernar en favor del pueblo. Me atrevería a creer –más bien– que lo hizo para seguir enriqueciéndose sin tener ya un poder que lo limite.

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Don Santiago desarrolló una estrategia desde su asunción, en 2023. Asumió con un cuchillo bajo el poncho: Carlos Carvallo, a quien designó titular del Banco Central. Este tenía el encargo de abonar el terreno para la aparición del nuevo banco al que Peña ampararía para que fuera sustento de sus planes. Carvallo y Peña son del riñón del grupo creador de tal banco.

Por primera vez en más de 20 años, el BCP –afianzado en independencia y prestigio– se infectó de interés sectario. Documentos aparecidos ahora exponen que el BCP ocultaba maniobras peligrosas del “banco de Peña”, como proclama la galería. Peña llevará esto como estigma perenne si no domina su codicia y devuelve al Banco Central su autonomía institucional.

El banco de marras creció en forma descomunal en la era Peña. Atesora 850 millones de dólares de dinero público y creó empresas vinculadas a las que suministra enormes sumas sin respaldo. ¿Adónde va el dinero?

Alliana se unió a Peña para abandonar al Don. Cartes reaccionó y apuntó al banco. Pero su movimiento está resquebrajado y su autoridad, encogida. Se quedó sin fuerza para obligar el BCP a dejar de abonar al banco de Peña.

Cartes quedó tan golpeado que accedió hasta a una reunión con su archienemigo, Mario Abdo. Este encuentro provocó el berrinche de muchos cartistas que lo repudiaron. El jueves 15, Cartes ofreció un almuerzo. La mesa del Quincho exhibió su desolación.

Parte del cartismo se pasó a Peña. Este tiene la lapicera para nombramientos y negocios; administra Hambre Cero (US$ 500 millones), que fideliza a los gobernadores. Estos no se aliaron a Peña por su carisma, sino por la plata que distribuye. Cuando la plata acabe, Peña tendrá que, tal vez, reducir su mesa.

Cartes está furioso. Lo bajaron de su soberbia y en ese estado es temible. Posee todavía poder económico, maneja resortes de la Justicia y sabe mucho de quienes hoy desertan del Quincho.

Cómo se reacomodará el Congreso es una incógnita. El sarambi alivia la presión de Cartes sobre el BCP, hecho que preocupaba a Peña. Los nuevos “incondicionales” de su excelencia tratarán de que todo pedido de cambio en el Central pase al olvido.

Es difícil anticipar lo que sucederá en esta lidia entre quienes pervierten el poder. Uno achica su mesa: merman comensales. Otro amplía su bolsa: con Cartes debilitado, quién le podría impedir engullirse todo con “su” bienamado banco.

Le quedan dos años. Después, Peña también perderá comensales y puede que sufra alguna “persecución política”. El poder y la lapicera son efímeros. Cambian de manos con azarosa frecuencia en un juego siniestro que genera enemistades, crea inestabilidad y empobrece a la gente.

nerifarina@gmail.com