El egoísmo produce el cierre de puertas y el alejamiento de amigos

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El crecimiento del ego produce una distorsión de la realidad y crea una fuente inagotable de pensamientos altaneros.
El crecimiento del ego produce una distorsión de la realidad y crea una fuente inagotable de pensamientos altaneros.

En un momento de trabajo, estudio o de relax, cuando una persona posiciona su figura por encima de los demás con cierto desprecio, es vista con malos ojos. El egoísmo arruina todo tipo de ambientes en la sociedad y desarma la armonía entre las personas.

El egoísmo se hace presente en todas las facetas de la realidad; cada día nos encontramos con distintas personas que buscan su bienestar a toda costa, sin pensar un solo segundo en los demás. Nadie se debe atrever a atentar contra el estatus, comodidad, carrera o imagen de una persona egoísta.

El ego se apodera tanto de los seres humanos que produce que estos vivan prácticamente en un mundo alterno, donde son intocables, más importantes y más esenciales que los demás. Cuando el egoísmo se traduce en palabras, frases muy chocantes pueden llegar a ser dichas: "nos sos nada", "a nadie le importa tu opinión" y "a mi nadie me discute", son solo algunos de los ejemplos.

Tener confianza en uno mismo y creer en las capacidades nunca puede ser algo malo; la mentalidad es muy importante para triunfar. El problema de los egoístas es su inseguridad interior, ya que ellos creen que todos son competencia, entonces proceden a atacar y dejar por debajo a cualquiera que encuentren en su ambiente, ¡porque nadie puede superarlos!

La gente de bien que va en busca del éxito, obviamente que también compite, pero estas personas se enfocan más en sus objetivos que en sus "contrincantes". Cuando uno realmente está convencido de sus cualidades, no va a tener problema en tratar bien a los demás, aconsejar y hasta ayudarlos a mejorar.

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El egoísmo, aparte de alejarnos de la realidad, nos hace ver muy mal ante la sociedad; a nadie le gusta tener en su grupo de amigos a alguien que solo busca su beneficio y se cree más que los demás. El crecimiento del ego produce una distorsión de la realidad y crea una fuente inagotable de pensamientos altaneros.

En una empresa, a ningún jefe le gustaría tener a alguien que piensa solo en si mismo, porque eso no generaría ningún buen efecto en el lugar de trabajo. Recién cuando las personas que lo rodean comienzan a acusar al egoísta por sus malas formas de tratar a la gente, hay una posibilidad de que abra los ojos, se dé cuenta de su actuar y procure subsanar su forma de ser.

Por Diego Benítez (19 años)